POR AQUÍ SE VA A MADRID

Significado de la frase POR AQUÍ SE VA A MADRID:  Es frase usada para expresar, de una forma burlona y desdeñosa, negación y desacuerdo con lo que otro acaba de decir o con unas palabras ajenas recién reproducidas.

  • Por ejemplo: si alguien dice que todo tiempo pasado fue mejor, otro puedo negarlo, puede mostrar su desacuerdo con esa opinión exclamando: ¡por aquí se va a Madrid!

Ejemplos de uso real de la frase:

  1. ¿Esto qué significa? Pues que lo de [la emisora de radio] Onda Cero tiene una pinta malísima. Pero malísima. O sea, ahí nadie quiere poner dinero. Le van a decir a Alierta que lo ponga, y Alierta dice tararí que te vi, o por aquí se va a Madrid. El 25 por ciento y punto; que es lo que firmaron.   Federico Jiménez Losantos*. Radio COPE,31-3-2004.     [* Este periodista también usó la frase, en la misma emisora de radio y en el mismo programa (el por él dirigido), el 30-1-2004 (lo hizo al hablar de los premios cinematográficos Goya)].
  2. [Imaginario discurso a favor del tiempo presente (al ser imaginario, lo podríamos poner por ejemplo en boca de una persona que gusta de echar discursos a la gente que pasa, en medio de una calle comercial muy concurrida, subida a una escalera de mano y apoyada todo el rato sobre un solo pie:]  Quiero decirles a ustedes, señoras y señores, que por aquí se va a Madrid. Pero no sin antes recordarles que existe una tendencia en gran número de personas a criticar el materialismo de la sociedad occidental actual, la pérdida de valores en la misma, el frenético ritmo de vida en comparación con la calma y placidez de los tiempos pretéritos, lo artificiales que son los alimentos ahora y lo contaminado que está el aire que respiramos y el agua de la playa en que nos bañamos. ¿Es tan horrible el mundo de hoy en comparación con el mundo de ayer? ¿No significa nada que en nuestra sociedad occidental actual todos, mal que bien, puedan echarse algo a la boca y se goce de ventajas sanitarias y remedios para la enfermedad y el dolor incomparablemente mejores que en el pasado? A diferencia de la mayor parte del tiempo pasado, una persona no nacida rica o poderosa puede llegar ahora a serlo si tiene valía suficiente para ello; a diferencia de gran parte del tiempo pasado existe un Código Penal que regula los castigos y evita los desmanes arbitrarios en la aplicación de los mismos a los transgresores de la ley o de las pautas de conducta admitidas; asimismo se ha abolido la trata de esclavos y eliminado o reducido a límites aceptables el abuso del patrono con el obrero; la justicia garantiza la defensa de gran cantidad de derechos anteriormente ignorados; la educación alcanza a mayor número de personas; nos bañamos en aguas en algunos casos más contaminadas pero en cambio bebemos agua con las debidas garantías de salubridad; respiramos en términos generales (no se olvide aquellas poblaciones de obreros envueltas en humos letales de la primera revolución industrial) aire más contaminado pero en cambio no estamos rodeados de los más peligrosos olores de las heces y las basuras que deficientes infraestructuras y servicios municipales no evitan, ni tampoco morimos, mientras dormimos, atufados por los gases emanados por un brasero mal apagado. El columnista Manuel Lloris dice a este respecto: “No incurriré en la tontería de glorificar nuestra época, pero sí la defiendo de comparaciones nostálgicas y a menudo de un lirismo trasnochado y de un elemental desconocimiento de la historia y de la literatura” (dejó dicho esto en el periódico Las Provincias del 14-9-1995), y algo semejante viene a decir el sociólogo Amando de Miguel en una entrevista (que Tomás García Yebra le hace) a propósito de la publicación de una obra suya en la que estudia el modo de vida y las costumbres de nuestros antepasados de principios de siglo: “sólo la nostalgia del tiempo pasado nos lleva a idealizar el mundo de nuestros abuelos” (El Semanal,13-8-1995). Es decir, en realidad no hay argumento sólido alguno que justifique tal idealización. En la misma entrevista, afirma Amando de Miguel que la vida material ha cambiado durante este siglo –a mejor, naturalmente– una enormidad. El anteriormente mencionado columnista Manuel Lloris titula el artículo que contiene su párrafo reproducido “Todo tiempo pasado fue peor”. El artículo comienza y termina así: <<Más de una vez me he declarado harto de toda  crítica en términos absolutos a nuestro tiempo histórico. En cuanto al soniquete de la “pérdida de valores” me saca de quicio./ Por lo visto nuestros antepasados habitaron una Arcadia feliz, donde todo era amor, paz, buenas costumbres y frugalidad. Un infierno es lo que era. Lean La Celestina, lean el Diálogo de los perros [de Cervantes] y lean a Mateo Alemán. Entre otros, por supuesto.[..] Le propongo, lector, un juego. Dele un repaso a todos los horrores que se cometen o se pueden cometer en nuestro país. Cuando lo haya hecho, repase los que no se pueden cometer. (¿Permitimos que un niño de ocho años se deje la vida trabajando en la mina? ¿Ajusticiamos a los reos en la plaza pública?). Los abuelos de nuestros más provectos ancianos aún vivieron los coletazos de tales barbaries>>./ ¡O sea, que ya está bien de tanto todo tiempo pasado fue mejor y de tanto rollo patatero! ¡Lo mejor es lo que hay ahora! ¡Menuda perita en dulce es lo de ahora!: ¡vivimos en el mejor de los mundos posibles! ¿Por qué hay gente que se niega a reconocerlo, siendo, como es, claro como la luz del sol? Debe de ser para que de todo haya en la viña del Señor, porque si no, no se explica. ¡De hecho deberíamos dar las gracias a las autoridades, siempre ahí al pie del cañón en aras del progreso y del bien común, por la suerte que tenemos! ¡Unos desagradecidos impresentables es lo que somos! ¡Pero si hasta deberíamos pagar por respirar el aire de Mundo Feliz que respiramos, que en otro tiempo, como igual habríamos palmado nada más nacer –porque es que nada más llegar a este valle de lágrimas casi fijo que palmabas–, seguramente ni nos habría dado tiempo a catarlo, y aunque llegáramos a catarlo un poquitín, habría sido de todas formas, que esa es otra, aire de mundo oscuro y triste, y no como ahora, que estamos en el siglo de las luces corregido y aumentado: el de la democracia y del estado de derecho y del sistema de libertades y del fin del hombre como lobo para el hombre, porque como ahora nos han hecho a todos corderillos de la Virgen, pues muerto el perro se acabó la rabia. Y a lo que menos admito objeciones es a lo del sistema de libertades, que es, creo yo, además de lo mejor de todo –porque no hay mayor bien que el de la libertad como todos sabemos–, lo más diáfanamente claro: rezumamos por todos los poros una libertad que no se veía antes, vamos, ni por el forro, porque eran todos unos esclavos –cuando no de los romanos, pues de estos o de los otros o de los de más allá– de padre y muy señor mío. ¡Ah, y luego llegó Franco, el que falta pa’l duro! ¡El asesino de la oprobiosa dictadura franquista! ¡Que menos mal que al final se murió porque si no yo no sé qué habría pasado en este país! Qué asco de tiempos afortunadamente superados. ¡Puaj, puaj! ¡Qué asco! En fin, menos mal que es ya todo eso, todo ese atraso y toda esa barbarie, agua pasada. Y por cierto, ahora que estamos con lo del agua, que es H2O, siendo la hache el hidrógeno y la o el oxígeno como antes no sabía nadie pero ahora sí gracias a la enseñanza estatal obligatoria, ¿para cuándo unos buenos bozales exigidos por la autoridad competente para medir el oxígeno en sangre o los litros de aire consumidos o algo así y que muy bien podríamos denominar bozalímetros? Hay que hacer una respiración sostenible, ¿no? Todo tiene que ser sostenible, porque si no, pues fíjate, menudo plan con la insostenibilidad, con la cantidad de cosas que hay. ¡Y con lo que respiramos! ¡Todos ahí, miles de millones de personas, respirando todo el rato! Es un pequeño fallo en el sistema que, no me duelen prendas reconocerlo, me había pasado desapercibido, fíjate tú, con lo fácil que es darse cuenta. Pero bueno, todo se andará. Como lo de eliminar unos cuantos millones de personas que estropean la ecología y le quitan la comida a todo bicho viviente. Tanta depredación histórica ha de ser reparada cuanto antes, antes de que sea demasiado tarde y el daño sea irreparable. Pero bueno, ésa es otra historia y todo se andará, ya digo, ya iremos poco a poco, con paciencia y con tesón, alcanzando todas las metas del progreso. Porque el que sea el de ahora el mejor de los mundos posibles no quiere decir que no se pueda mejorar un poquito más, era una forma de hablar, ya se entiende: siempre se puede progresar un poco más, afinando, poquito a poco, en los pequeños detalles, atando los cabos sueltos que puedan quedar por ahí. Y la instalación de sendos bozalímetros en las mandíbulas del pueblo ingrato y amante de escurrir el bulto cuando toca pagar, como si no fuéramos todos Hacienda, además de hacer el mundo un poco más justo, pagando por un bien de consumo que ahora se recibe por la cara y sin agradecerle nada a nadie ni acordarse el personal de cuando estaba la peste negra causando estragos por culpa de la mala política de aquellos tiempos atrasados, sin ministerios de Sanidad ni nada, y como se te ocurriera respirar un poquitín ese aire lleno de la peste estabas sentenciado, la instalación de esos bozalímetros iba diciendo, además de para agradecer servicios prestados por los servidores públicos number one serviría para crear unos puestos de trabajo que a nuestros antepasados ni se les habría pasado siquiera jamás por las mientes la posibilidad de crear y así mejorar el mercado laboral y paliar el paro. ¡Para que luego sigan diciendo algunos, con un par, que cualquier pasado fue mejor! ¡Sí; mejor, mejor! ¡Ja! ¡Por aquí se va a Madrid! ¡Pero que por aquí se va a Madrid he dicho!

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