VÉRSELE EL PLUMERO a alguien

Significado y ejemplos de la expresión VÉRSELE EL PLUMERO

La frase VÉRSELE EL PLUMERO [A alguien] significa poder ser vista (traslucirse, quedar al descubierto) la verdadera naturaleza [de alguien] (su forma de sentir, de pensar, qué intenciones tiene, etcétera) en relación con el asunto o la cosa [sobreentendida o referida] de que se trate.

  • Cuando se hace alusión al asunto o a la cosa de que se trata, puede especificarse qué asunto o qué cosa es mediante un adjetivo (ejemplos segundo y tercero) o un nombre precedido de <<de>> (ejemplo cuarto), o puede no especificarse mediante el uso de <<algún/alguna>> o <<ningún/ninguna>> (ejemplo quinto de los que siguen).
El cantante de nombre artístico El Pastor de Andorra en una funda de disco con varios de sus éxitos, en una imagen usada para ilustrar la expresión “vérsele el plumero”.
Podrá el maño José Iranzo no parecerse mucho al yogurín canadiense Justin Biever, que es lo que al parecer mola, pero además de cantar como un hombre y no como un sistémico monigote, vérsele el plumero, no se le ve.

Ejemplos de uso:

  1. Por mucho que disimule se le ve el plumero.
  2. Dice que es conservador, en el sentido que se le suele dar a esa palabra de tradicionalista, pero no deja de vérsele el plumero progresista, que es exactamente lo contrario de tradicionalista.
  3. Como es sabido, la valentía de los soldados españoles que combatieron como voluntarios en Rusia durante la segunda guerra mundial dejaba boquiabiertos a los mandos alemanes. Con anterioridad a ello, la infantería española fue la mejor del mundo durante varios siglos. Durante esa época, en el cuerpo a cuerpo no había soldado más temido que el español. Los soldados ingleses, que dicho sea de paso eran derrotados casi siempre por los españoles, preferían combatir contra ellos en el mar y de barco a barco, y que llegaran por mar a que lo hicieran por tierra, porque si era por tierra “que San Jorge nos proteja”. Ya el emperador romano Octavio Augusto supo de la ferocidad de los hispanos en el combate cuando en el año 27 antes de Cristo tuvo que mandar a su mejor general, Marco Agripa, al frente de siete legiones, para intentar doblegar la resistencia de los Cántabros y los Astures. Pero este antiespañol camuflado que es don Arturo parece que prefiere ignorar en sus artículos estas cosas.  Se comprende. Si lo que a uno le gusta es echar pestes de los españoles, y no digamos ya si te pagan por ello, tiene que ser difícil señalar estas cosas al escribir, aunque de vez en cuando se mencione algo de ello para disimular y que a uno no se le vea el plumero antiespañol. O que no se le vea demasiado, es decir, que le pase desapercibido a la mayoría de los lectores, sobre todo los que son esporádicos y por ello no van observando un detalle que parece indicar antiespañolía por aquí y otro por allá, hasta acabar dándose cuenta, si no andan muy despistados, de que incluso en gente que va de patriota, o que aparenta serlo al primer golpe de vista, puede ocultarse un furibundo antipatriota o, más concretamente, un antiespañol redomado y cuya mayor felicidad posiblemente fuera ver confirmada su opinión de que cada país tiene lo que se merece, y si lo que se merece es irse a la mierda, como obviamente es el caso de España en opinión de quienes en su seno la odian, pues muy bien está que a ella se vaya o, según el caso, se haya ido.
  4. Se le ve el plumero de la antiespañolía. Es un antiespañol. Sin la menor duda. Incluso yo diría, y creo que no exageraría, que es un antiespañol como la copa de un pino. Menudo elemento, el amigo Arturín.
  5. Muy bien lo que se ve en la foto de abajo. <<Madrecita María del Carmen>>. Eso es hacer un título de canción con un par. Macho ahí. Y no digamos ya la canción siguiente, la tercera de la lista. Un título tan políticamente incorrecto en los desdichados tiempos que para los españoles corren. Que manda cojones que lo sea, que un título así sea políticamente incorrecto, lo contrario de lo que debería ser. Sobre todo, por no decir que prácticamente en exclusiva, en ciertos sectores, como no hace falta precisar. Sectores sociales de españoles diferentes a los <<catetos>> y del <<populacho>> a los que les gusta el gran Manolo <<Porompompero>>. Bueno, y diferentes al rey Hassan de Marruecos (el anterior al que hay ahora en el año de gracia de 2022), que no era populacho pero al que le encantaba uno todavía más difícil de soportar que Manolo Escobar si se tiene determinada sensibilidad: el cantante de jotas turolense conocido como el Pastor de Andorra, al que llevaba a su palacio para verlo cantar en vivo, y alucinar en colorines ante la tan fina como tremenda fuerza del arte musical español. Según cuenta el interfecto, a pesar de ser un humilde pastor de ovejas del pueblecito de Andorra, en la provincia de Teruel, el rey moro le pagaba por ello muy esplendorosamente, o más bien se empeñaba en pagarle, porque el pastor no aceptaba el dinero y le bastaba con dejar tan alto el pabellón español como su gran potencia cantora y su mucho arte le permitían, o sea, que lo dejaba altísimo. Un buen y noble baturro de los de toda la vida, y al que, a diferencia de otros que jamás de los jamases le habrían invitado ni borrachos a palacio en el muy hipotético caso de que se hubieran dignado enterarse de su existencia, no podía vérsele ningún plumero ni ninguna plumera (tampoco ningún plumere, en debida observación de nuestro muy amado, y nunca suficientemente ponderado y celebrado, invento moderno –oh diosa modernidad, a tus pies nos postramos!– del lenguaje inclusivo, sobre el que en este blog se da amplia información, así como significativos ejemplos de uso real, en la entrada dedicada al <<masculino genérico>>).
El cantante Manolo Escobar en una funda de disco con una lista de sus éxitos, en una imagen usada para ilustrar la expresión “vérsele el plumero”.
El gran cantante de Almería, sobre quien en muchos discos se rotula “Manolo de España”, y a quien vérsele el plumero de la antiespañolía la verdad es que no se le ve mucho. A diferencia de otros, como huelga precisar. Olé ahí (si es que se puede decir ole, que vaya usted a saber, con esto de lo que es mejor no decir en evitación de posibles problemas).

Ejemplo suplementario de la frase <<vérsele el plumero>>:

Lo dicho: la frase <<vérsele el plumero>> es de imposible aplicación al cantante de jotas aragonesas José Iranzo Bielsa, más conocido como El Pastor de Andorra y uno de los miles de los grandes cantantes y músicos de la inverosímilmente original, variada y grandiosa música española ignorados, sin que se le caiga a nadie la cara de vergüenza, por los medios de comunicación, que, claro es, para promocionar la morralla, y no digamos ya si es yanqui o anglo, siempre tienen cuanto espacio y ganas sean menester y casi tantas como para promocionar el demoníaco y asqueroso Halloween, así, con su nombre anglo y todo, por si te quejabas de que es que no te están poniendo suficientemente fácil verle el plumero a una ingeniería social que lo inunda todo. Menos mal que queda, al menos de momento, la posibilidad del recuerdo. Para ir a buscar descanso y consuelo en él. Por ejemplo recordando a gente como El Pastor de Andorra. Se nota que es un buen hombre y un genuino representante de la típica y tópica nobleza baturra hasta en las letras de las jotas que compuso. En una (la titulada «Tenía una manta en el monte») dice: <<Bendita sea la madre que nos parió a los pastores>> (gentes bien nacidas que respetan como Dios manda –“¡honrarás a tu padre y a tu madre!”–, cuando no veneran, a sus madres). Amor hacia la madre que no quita, como es natural, para que en otra jota le diga pícaramente a una moza: <<Te di un besico en la boca. Y como ahora hemos reñido, me lo tienes que devolver>>. Un tío noble que, como nadie le ha envenenado la mente, escribe en otra jotica de corazón y con la normalidad de las cosas que son normales: <<No levantes tanto el vuelo, palomica, palomica. No levantes tanto el vuelo, porque te saldrás de España y no sabrás volver luego>>. Exactamente lo contrario de lo que en la actualidad se predica y fomenta en una parte del mundo en la que ser lo que se es ha pasado a ser realidad a destruir: la ciudadanía del mundo, o sea, la disolución en la nada. No es de extrañar que bajo un disco suyo que hay en internet, en el canal «La música del recuerdo» y con la imagen puesta al principio de esta entrada, haya muchos comentarios como los siguientes (todos son así, de este respetuosísimo cariz): <<Soy andaluz y me emociono oyendo a este humilde pero grandioso cantante de jotas. Era un hombre de pueblo cantando para su pueblo>> (Juan Jiménez), <<Qué gran español y aragonés. Viva la Jota>> (José Muñoz), <<No te preocupes por los 70. Son cobardes. La sombra siempre va por detrás de la luz. Que viva el Pastor de Andorra y toda su descendencia>> (Mari Carmen Prades).

Menuda diferencia con los miserables farsantes y cantamañanas que pueblan, o que infectan si se prefiere, la vida de la España posmoderna (no hay que olvidar que al hablar de la sacrosanta modernidad, que ya pasó y no precisamente para bien, se quiere decir posmodernidad, o lo que es lo mismo modernidad elevada a su máxima expresión, el tiempo del rico y variado surtido de inventados artificios y lindezas a cuyo siniestro son al parecer, te guste o no, hay que bailar).