ADORNARSE CON PLUMAS AJENAS

Significado de la expresión ADORNARSE CON PLUMAS AJENAS (o CON GALAS AJENAS):  Atribuirse implícitamente a sí mismo un mérito ajeno (que corresponde a otro u otros), o aprovecharse feamente de él para darse lustre.

Ejemplos de uso:

  1. [La jueza Ana Ferrer ha acusado de seis delitos a Luis Roldán. El ministro Belloch afirma con motivo de dicha acusación que “la imagen general de que nada funciona no es cierta” y que el procesamiento [de Roldán] demuestra que “se ha hecho un buen trabajo..”. Mientras, desde el PP se criticó que el Gobierno trate de “adornarse con plumas ajenas” al apuntarse el éxito del inculpamiento. “Es un despropósito –dijo ayer [el portavoz del PP] Federico Trillo– que el Ejecutivo trate de capitalizar la acción de la juez”.  S. N. ABC,12-7-1995.
  2. [Con referencia a un libro sobre el poeta Miguel Hernández (1910-1942) publicado en 2009:]  Interés muy distinto ofrece el Miguel Hernández de Concha Zardoya, ya que se trata de una reimpresión del estudio que la autora –fallecida en 2004– publicó en 1955 con el título de Miguel Hernández. Vida y obra, y que constituye la primera monografía de conjunto con que cuenta la bibliografía hernandiana [= de M. Hernández]. Importante en su momento, pero limitada por la escasez de estudios previos y la fragilidad de las bases textuales con las que contó la autora, su publicación deja constancia al menos de cuál fue el punto de partida de muchas afirmaciones sobre el poeta que han venido repitiéndose desde entonces por parte de algunos críticos que, obedeciendo a costumbres deplorables, han tenido la avilantez de adornarse con plumas ajenas.  Ricardo Senabre. El Mundo,29-10-2010 [El Cultural].
  3. Usar como propio conocimiento conseguido por otro u otros sin mencionar a la persona o las personas que lo consiguieron puede ser en algunos casos, en los que lo elegante sería mencionar la fuente de dicho conocimiento, lo que se llama adornarse con plumas ajenas.
  4. Hoy es el día de San Quírico, el niño de tres años..que..bajo el imperio de Diocleciano, el de la Era de los Mártires, murió estrellado contra las gradas del tribunal que había dado la cruel orden de azotar a su madre, santa Julita, con látigos de nervios de buey; la criatura fue sorprendida llorando desconsoladamente y los sicarios le dieron muerte de la forma que se dice. Julita, después de duros zurriagazos y espantosos tormentos, acabó el curso de su tormento decapitada. (Como no me parecería bien ni decente adornarme con galas ajenas, declaro que la prosa que queda pergeñada no salió de mi caletre, sino que es fruto de la próvida minerva de don Valentín Sánchez, S. J., manantial del que brotan todas mis sabidurías martirologiales.)  Camilo José Cela. ABC,16-6-1996.

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