Y AL QUE LE PIQUE QUE SE RASQUE

Significado de la expresión Y AL QUE LE PIQUE QUE SE RASQUE

(o Y A QUIEN LE PIQUE QUE SE RASQUE)

Y AL QUE LE PIQUE QUE SE RASQUE es frase usada para expresar desentendimiento ante a una posible actitud ajena de contrariedad o disgusto, con el significado de <<y si a alguien le molesta o no le gusta o no le parece bien, eso es su problema (y no es razón válida para que no sea hecha o para que se impida la cosa que le molesta)>>.

  • La frase se escribe con y sin coma intermedia.

Ejemplos de uso de la expresión <<y al que le pique que se rasque>>

Y AL QUE LE PIQUE QUE SE RASQUE

  1. En España, los adjetivos insultantes suelen repartirse a voleo –y al que le toque, que se aguante, y al que le pique, que se rasque–, y así oímos llamar ladrones y mamones y bribones y cabrones a verdaderos caballeros en su actitud y su conducta   Camilo José Cela. ABC,9-2-1997.
  2. [Comienzo de <<Carta al director>>:] Con la llegada a la presidencia [del club de fútbol Real Madrid] de Florentino Pérez (bendito día), la filosofía del Real Madrid (el mejor equipo del siglo y de la Historia según la FIFA* y al que le pique que se rasque) ha sido la de tener en sus filas a los mejores jugadores del mundo.  Alberto Menéndez García. AS,8-2-2003.     [* Federación Internacional de Fútbol Asociación].
  3. [Comentario hecho tras lectura ajena de comunicado de radio COPE en defensa de la supuestamente amenazada libertad de expresión de sus periodistas:]  Y al que le pique [nuestro –cabe suponer que quiere decir el hablante– carácter indómito y combativo frente al acoso y coacción de que somos objeto] que se rasqueFederico Jiménez Losantos. Radio COPE,7-11-2007.
  4. [Fragmento irónico de artículo del periódico ABC del 14-4-1988:]  El verdadero error de [el vicepresidente del gobierno español] don Alfonso Guerra no fue el de pedir a Madrid un [avión] Mystère [de las Fuerzas Armadas] para tratar de llegar a Sevilla [su ciudad natal] a ver los toros.[..] El verdadero error de don Alfonso consiste en no tomar un Mystère cada fin de semana para marcharse a descansar con urgencia de la laboriosa y abnegada misión de gobernar España. ¡Olé ahí la arrogancia, y la gallardía, y aquí mandan mis bemoles..y..me llevo el avión al Algarve [en el sur de Portugal], y a donde me salga de donde me tiene que salir, porque el avión es mío.., y al que le pique que se rasque, y viva la banana, y no se me encampanen ustedes, conciudadanos, que en vez de un Mystère le fleto al Guerra un Boeing 727, y me quedo más fresco que una lechuga, y qué pasa, y a ver si se enteran ustedes con quién están hablando, madre, ¿qué te pasa, hijo?, ¡que no puedo dormir de chulo que soy!  Jaime Campmany. Crónicas del Guerra (libro de 1993).

Y A QUIEN LE PIQUE QUE SE RASQUE

  1. [Palabras de escritor nacido en Valencia, donde anualmente se celebra una fiesta de siete días de duración llamada Las Fallas:]  creo..que todo valenciano lleva dentro un pedazo de fallero [persona que participa activamente, y no como mero espectador, en Las Fallas], como lleva un buen cacho de árabe y un pellizco de soñador y muchos kilos de mediterránea imaginación. Y a quien le pique, que se rasqueFernando Vizcaíno Casas. Las Provincias,12-3-1995.

Ejemplo suplementario primero

Esto (lo de la foto de abajo) no es el fértil delta del Nilo, sino el secarral manchego, en verde y engañosa imagen sólo posible en primavera, al menos en las afueras de La Roda de Albacete, que es donde está hecha la foto y donde ese verdor es inhabitual. No es el delta del Nilo y no procedería añadir aquí “y al que le pique que se rasque”, porque a quién va a poder molestar eso, que alguien diga que La Mancha es La Mancha y la desembocadura del Nilo la desembocadura del Nilo, y que la primera región es de secano y la segunda de regadío, y que la primera no es la segunda ni la segunda la primera. Eso es así y ya está; no ha lugar a historias de mosqueo por agravio comparativo o por la razón que sea. De todas formas, por si hubiera alguien con ganas de que le pique, quizá no esté de más recordar que para rascarse no hay nada mejor que un buen cardo, y que puede que los manchegos, como los de la foto, sean de los mejores, porque no veas con qué púas se crían; si bien rascarse uno como siempre se ha hecho, con las uñas, al estilo tradicional que podríamos decir, huelga decir que también vale, también quita o alivia el picor.

Cardos, matas verdes y casa de campo en imagen de La Roda de Albacete usada para ilustrar la expresión al que le pique que se rasque.
Esto no es la vecina región de Murcia, donde hay mayormente agricultura de regadío, sino la región de La Mancha en zona de la provincia de Albacete no precisamente muy verde. ¿Y al que le pique que se rasque? Qué tontería. Si no procede decir eso, pues no procede, y por lo tanto no se dice.

Ejemplo suplementario segundo (con cuatro usos de la frase)

Sobre la frase de <<si habla mal de España, es español>> puede decirse que quienes más incurren en esta práctica de hablar mal de España son los personajes del mundo cultural español, donde es costumbre recalcitrante.

Es, en efecto, frecuentísimo que españoles con presencia en la edición libresca y en los medios de comunicación no digan nada bueno de España y los españoles ni por equivocación, e incluso, no contentos con ello, escriban libros dedicados por entero y única y exclusivamente a hablar mal de España y a ningunear, ridiculizar y caricaturizar a los españoles, sobre todo porque no son como por ejemplo los franceses o los ingleses… ¡o incluso los japoneses!, es decir, porque no dejan de ser espiritualmente españoles para pasar a ser otra cosa supuestamente mejor: hijos del tío Sam y primos del Halloween y cosas así; pero no es en cambio frecuente el denostar a España como nación, ni a los compatriotas, entre el pueblo llano, y de hecho casi se podría decir lo contrario, que a pesar de las quejas que pueda tener contra las élites por las que es gobernado –en las que precisamente lo que más denuesta es la antiespañolía–, lo que es la nación y sus cosas, la España auténtica, le gusta, le gusta al pueblo llano, aunque pueda ese gusto no llegar a los extremos de lo que dice la cantante Perlita de Huelva en su canción «Amor español»: <<Qué bonito es todo lo español>>. Evidentemente, todo bonito, claro que no, si bien no va la pobre Perlita a ponerse, en una canción hecha para infundir alegría y elevar el ánimo a todos los hispanohablantes, a meterse en historias tipo <<Qué bonito es todo lo español, menos algunas cosillas que yo me sé y yo me callo>>. Todo bonito y ya está, nada de andar en esto cogiéndosela con papel de fumar, que ya sabe ella que los españoles no son tontos y van a saber interpretar correctamente su aparentemente patriotera exageración. Ella, con más razón que un santo, viene a decir que España es una madre de la que sus hijos pueden sentirse orgullosos; ole ahí; y al que le pique, que se rasque.

No es improbable que esta última afirmación, en plan viva España y olé, al articulista Manuel Lloris, sin ir más lejos, le pique y se tenga que rascar. Pues, como se puede ver en este blog, en una cita suya que ilustra la frase <<España de charanga y pandereta>>, denuesta a la extraordinaria cantante de flamenco y copla Rocío Jurado. Nada menos. Un mito viviente de la canción española. Pues con dos cojones. ¿Tragacionista de la leyenda negra? De libro, se diría. Sea como fuere, el caso es que hace referencia a su boda con un torero y parece que le da un poco de asco la celebración nupcial que hacen, con toda esa parafernalia tan española, o sea –para él–, españolota: una folclórica, un torero, boda multitudinaria, escenario andaluz de la España profunda (la artista es de Chiclana, un pueblo de la provincia de Cádiz, que no es Nueva York, vale, con sus yanquis y tal, pero que también tiene derecho a la vida). Demasiado español todo eso. Tanta cosa española… No. Tanto tufo a ajo, no. Hay que ser español, claro, faltaría más, nadie niega ese derecho, la democracia lo primero; pero sin pasarse. O sea, se puede serlo pero con cuidadín. Que es lo mismo que decir con vergüenza y con miedo. Y esta mujer está claro que se pasa de española. Encuentra el currinche ofensivo, parece, lo que es obvio que considera una exhibición impúdica de tipismo español. ¿Por qué es impúdico hacer una exhibición de rasgos y cosas típicamente españolas? ¿Cuál es el problema, que son personajes típicamente españoles haciendo cosas y comportándose de forma típicamente española? ¿Debe haber límites en la idiosincrasia española? ¿Tan mala es? ¿Qué debería haber sido la boda, el Halloween de turno con Michael Jackson como invitado especial haciendo el vídeo de los muertos zombificados? (Y al que le pique, que se rasque: si a alguno lo que le gustan son los muertos convertidos en seres de dar miedo en el videoclip, made in USA, más visto de la historia, pues se comprende, pero que le den).

Dice que es que se trata de la España que retrató con asco el poeta regeneracionista Antonio Machado. La España de las palmas y todo eso. ¡Acabáramos! El regeneracionista don Machado, fervoroso afrancesado y gran entusiasta de la leyenda negra antiespañola que tan aplicadamente contribuía a alimentar vomitando cuanta idea contra España se le ocurría. Porque había que regenerarla, claro. Una porquería que había que regenerar, para entendernos. Debía babear y subordinarse entera culturalmente, como él y el Larra (otro que tal baila) y compañía, a la France, que eso sí que era una cosa guay del Paraguay, y no la Españucha en la que había tenido el distinguido propagandista antiespañol la desgracia de nacer. Así pues, regeneremos lo de las palmas, ¿no? r»Que ahí vemos cómo los ilustrados franceses no las hacen, así que ¿por qué hemos de hacerlas nosotros, con el subdesarrollo que trae eso?». Claro, evidentemente, si es que no podemos ser más paletos y más carnaza de subdesarrollo, ahí dedicándonos a hacer palmas cuando podíamos aprovechar ese tiempo para estudiar a Descartes y poder así avanzar hacia el progreso. Y si encima los palmeros van a las corridas de toros, esos ración doble de regeneración. Fuera Juan Belmonte, por más que su simple sombra valga más que cien Machados incluso desprovistos de abyección traidora; y fuera los caballos andaluces y todo eso tan typical Spanish y tan casposo, y pongámonos a leer, con cara de recitar una revelación divina, la gansada esa de <<caminante no hay camino, se hace camino al andar>>, que dicen que es una cosa que le hace a uno muy culto y moderno y salvador de la patria. El encumbrado poeta Antonio Machado, difusor de la idea de que los españoles no son sino chusma despreciable cuya única salvación es avergonzarse y abdicar de su españolía y echarse en manos, para redimirse, de sus mayores enemigos, como el esforzado ariete del leyendanegrismo que es o, si se prefiere, en su miserable condición de ilustre tonto útil de la leyenda negra antiespañola.

¿Y a ese individuo tiene usted en cuenta, hombre de Dios, a la hora de juzgar a la gran Rocío Jurado? ¿Cómo espera que a ese amargado al que le asqueaba el ser español le guste una gran cantante española ni nada de lo que ha hecho grande a España, que no únicamente, por cierto, son, aunque también, por qué no, las palmas y las castañuelas, sino precisamente esa gente a la que él tan ufana como desvergonzadamente despreciaba y de la que, con fervor digno de más altos empeños, renegaba? El autor de la cursilada (y al que le pique, que se rasque) de <<pastoril callado>>, manejando expertamente los tópicos más baratos y manidos del imaginario antiespañol y hete ahí al cultísimo don Manuel Lloris corriendo a prestarle oídos, a ver qué dice el consagrado leyendanegrista.

Don Manuel Lloris, fina pluma nacida en Alcoy que en sus muchos años de la década de los noventa escribiendo en el periódico valenciano Las Provincias encontró tiempo para hablar mal de la andaluza Rocío Jurado pero no, al parecer, para hablar bien del extraordinario cantante alcoyano Camilo Sesto. No deja de ser curiosísimo que no escribiera una sola línea, o mejor dicho que no se dignara –digámoslo así, malévolamente, dando por supuesto, tal vez indebidamente, que lo que le faltaron fueron ganas de reconocer en él las antípodas del estereotipo machadiano– dedicar una sola línea de admiración y elogio su paisano, a pesar de que el grandísimo intérprete de baladas románticas componía él mismo sus canciones, y que lo hiciera, en sintonía con la música maravillosa que también él mismo componía, con grandeza de alma y para transmitir luz y calor, y no con petulancia, ínfulas y mezquindad… ¡desde el espíritu cainita, además de turbio y sombrío, que uno mismo –dime de qué presume s y te dirá de qué careces– denuncia en su militante obra!

En fin, es lo que hay: «¿Que por qué no funciona España, me pregunta usted? ¡Pues por lo que siempre repito en mi obra! –responderá, sabihondo, el cruzado español de turno de la causa antiespañola– ¡Pues porque los españoles son gente que se dedica a hacer palmas y a tocar las castañuelas!» Bueno, a eso y a casarse con toreros, ellas, y con folclóricas, ellos, cabe añadir a lo dicho por nuestro favorito representante, hispanófobo por supuesto, del mundo cultural español. O sea, que menudo plan, oiga. Si es que tiene razón este pobre hombre acorralado por la mediocridad de la masa del tétrico solar hispano: «¡Así no se pueden conquistar los mercados internacionales ni hacerle morder el polvo al Fondo Monetario Internacional ni pegar un puñetazo bien fuerte sobre la mesa en el escenario de las relaciones de poder ni se puede nada de nada!» Claro, evidentemente, diga usted que sí: ¡Es que los españoles son una chusma palmera y castañuelera impresentable! Sólo les gusta la fiesta y dormir la siesta. Un asco de gente que hay que cambiar por otra o aquí no hay nada que hacer y esto es un país sin futuro y un problemón irresoluble de la civilización, y al que le pique, que se rasque, amén.

Frase “la copla es así” en una imagen usada para ilustrar la expresión “y al que le pique que se rasque”.
La copla es así y ya está. Punto. Como los españoles. Ningún español de relumbrón habla de que los ingleses o los franceses deberían ser como los españoles, pero lo contrario, por supuesto asco de España, está a la orden del día. ¿Le gustaría al de marras la copla, la canción española por antonomasia, o le asquería? ¿Y la zarzuela? “No, qué asco, por Dios, qué españolas y poco francesas las dos cosas, quite, quite”. Pues se siente, amigo, pero así es la copla; en algunas de las cuales, mire usted por dónde, como son una cosa tan del populacho, puede que se diga eso tan castizo de “y al que le pique que se rasque”.

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