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Significado de la expresión SIN ENCOMENDARSE A DIOS NI AL DIABLO
(o SIN ENCOMENDARSE NI A DIOS NI AL DIABLO)
La frase SIN ENCOMENDARSE A DIOS NI AL DIABLO [la persona de que se trate] significa lo siguiente: Con una espontaneidad y una resolución exentas de la debida reflexión y/o cuidado.
Ejemplos de uso:
SIN ENCOMENDARSE [alguien] A DIOS NI AL DIABLO
[Situación (novelística):Un guardia municipal invita a un automovilista a circular. Este automovilista resulta ser un miembro de un comando terrorista y va armado. Tiene un pronto ante el guardia. Así cuenta el incidente con el mismo:] ..¡calla, carajo de mierda!, me revolví con más veneno en el cuerpo que un alacrán, y el tío que se acojona de puro asombro, que reacciona, [el guardia:] a ver, docomentación, [el terrorista:] documentación, documentación te voy a dar yo, y cogí la pipa [= pistola] de la guantera y sin encomendarme a Dios ni al diablo le metí una píldora [= bala] entre ceja y ceja.. Cristóbal Zaragoza. Y Dios en la última playa (novela de 1981).
Efectivamente, a las 9.45, una pareja de jóvenes llegó muy ufana y se plantificó junto a la puerta vacía sin encomendarse a Dios ni al diablo. Aquello fue la barahúnda. Varias docenas de clientes rompieron filas y se acercaron hasta los dos jóvenes para decirles todo lo que no querían oír. «¡No falte a mi novia!», decía el muchacho. Un señor maduro muy bien trajeado le respondía: «Como te dé una patada donde estoy pensando, la novia no te va hacer ninguna falta». Javier Sampedro. El País,18-6-1995.
SIN ENCOMENDARSE [alguien] NI A DIOS NI AL DIABLO
Un lector barcelonés me explica en una carta que también él está harto, desde hace años, de ir a restaurantes y encontrarse con música al gusto del dueño. «Así como te preguntan cómo quieres el solomillo –muy hecho, al punto, poco hecho o sangrante– y se preocupan por si prefieres pan blanco, integral, con nueces o con pasas, la música te la enchufan sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, y sin preguntarte cuál prefieres, o si lo que prefieres es, precisamente, el silencio, y poder hablar tranquilamente con la persona con la que almuerzas o cenas.» Quim Monzó. Magazine,4-11-2001.
Todos los dichos [cantaores] pertenecen al grupo aficionados, que se aclimatan mal cuando los sacan fuera de su pueblo y de sus amigos./ A Blanquito el de las Zancarronas, que se apartó de su pueblo y de sus amigos sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo, se lo comió Madrid. Camilo José Cela. Nuevas escenas matritenses (libro de 1965).
Ciertos animales salvajes, desde el lobo hasta la gaviota, quizá los más valientes y descarados.., están mudando sus hábitos y de un tiempo a esta parte, olvidándose de sus mañas depredadoras, se van transformando poco a poco en comensales más o menos institucionalizados y admitidos por el hombre,.. El halcón de hábitos pendencieros olvidó sus montes y sus llanuras y, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, se instaló entre los rascacielos de Manhattan, donde se alimenta de palomas;..cada cual se arrima a donde come.. Camilo José Cela. ABC,2-1-1994.
Las revistas para aristocracias [culturales], si quieren serlo de verdad, deberán mirarse cada mañana en su propio e ideal espejo, como Narciso, y hacer después, dejando fluir un poco el chorro de su propia inspiración, que es tanto como lanzarse a la lucha sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, lo mejor que les venga en gana. Camilo José Cela. La rueda de los ocios (libro de 1957).

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