PARTO DE LOS MONTES

Significado y ejemplos de la expresión PARTO DE LOS MONTES

PARTO DE LOS MONTES significa hecho o resultado minúsculo en grado o entidad, o absolutamente decepcionante, sobre todo en comparación con lo que se esperaba o lo que se podía o cabía esperar.

  • Suele tener cierto matiz entre socarrón e irónico, sobre todo cuando había gran expectación por el hecho o resultado de que se trate.
  • Se suele usar reforzada por las palabras <<verdadero>> y <<auténtico>>.
  • Procede de la fábula, condenatoria de la vanidad, de Félix María de Samaniego (1745-1801) titulada <<El parto de los montes>> (la fábula XV del libro segundo de las “Fábulas Morales”), la cual dice así: <<Con varios ademanes horrorosos/ Los montes de parir dieron señales:/ Consintieron los hombres temerosos/ Ver nacer los abortos más fatales./ Después que con bramidos espantosos/ Infundieron pavor a los mortales,/ Estos montes, que al mundo estremecieron,/ Un ratoncillo fue lo que parieron./ Hay autores que en voces misteriosas,/ estilo fanfarrón y campanudo/ nos anuncian ideas portentosas;/ pero suele a menudo/ ser el gran parto de su pensamiento,/ después de tanto ruido, sólo viento>>. 
  • Félix Mª de Samaniego relata en el Prólogo a la primera edición de sus Fábulas Morales cómo se inspira en las fábulas de otros fabulistas anteriores, sobre todo los griegos Esopo y Fedro, usados ambos como fuente de inspiración también por otros escritores, como el latino Horacio y el francés La Fontaine.
Llanura manchega en La Roda de Albacete en imagen usada para ilustrar la expresión parto de los montes.
Aquí tendría que ser no parto de los montes sino parto de los llanos. Estamos en la llanura manchega del municipio de La Roda de Albacete.

Ejemplos de uso:

Juan Posada habla en el periódico La Razón del 10 de diciembre de 2002 de la continuidad de la empresa Toresma II al frente de la plaza de toros de Las Ventas de Madrid. Y se refiere a <<la tramoya de la adjudicación>> (porque a dicha empresa le ha vuelto a ser adjudicada la gestión de la plaza madrileña en un reciente concurso público para su arrendamiento) como <<parto de los montes>>. Porque <<tardaron tanto en decidirse que la gente pensaba que la elaboración daría un resultado más novedoso. Y, finalmente..se deciden por los que todos pensaban desde el inicio>>.

Mario Vargas Llosa habla en el periódico El País del 18 de diciembre de 2011 del libro de Carlos Granés, sobre las vanguardias artísticas del siglo XX, El puño invisible. Sobre el que dice: <<Granés..no puede evitar que su ensayo sea la constatación de un enorme desperdicio, de un absoluto fracaso. Un verdadero parto de los montes del que sólo salieron ratoncillos.[..] Una de las últimas escenas que describe El puño invisible es una exposición muy peculiar de Yves Klein, quien..presentaba una galería vacía>>. ¿Y la obra artística exhibida? Pues resulta que no había obra. O a lo mejor sí, porque al visitante se le daba al entrar un cóctel que la hacía orinar azul, y la obra artística bien podía ser esa orina azul. Añade Vargas Llosa que por las mismas fechas otro supuesto artista, Piero Manzoni, convertía en obras de arte a todos los que se cruzaban en su camino por el sencillo procedimiento (mediante <<el dispositivo mágico>> dice don Mario) de firmarles en el brazo.

Jaime Campmany habla en el periódico ABC del 12 de abril de 1997 del acoso y persecución a que han sido sometidas varias personas que cita y a las cuales finalmente les ha sido impuesto un castigo ridículo (multas insignificantes y cosas así), en un auténtico <<parto de los montes>>.

Jaime Campmany comenta en el periódico ABC del 27 de mayo de 2003 las elecciones municipales españolas celebradas dos días atrás, cuyos resultados le parecen malísimos para el Partido Socialista. Tras decir lo cual, añade: <<En comparación con lo que esperaban, el parto de los montes>>.

Tomás Cuesta opina en el periódico La Razón del 9 de marzo de 2002 que urge evitar que los responsables de la celebración del centenario del Real Madrid <<escenifiquen otro parto de los montes a propósito de este centenario>>.

Tras tantos truenos, que parecía que iba a caer un diluvio, sólo han caído cuatro gotas. El parto de los montes.

José Javier Esparza habla en el periódico La Verdad del 6 de marzo de 2005 de un <<comité de sabios>>. El comité de los llamados sabios (eso no lo explica el articulista sino que se añade aquí) consiste en un grupo de personas eminentes elegidas por el gobierno para diseñar (y –¿sobre todo?– para cobrar bien cobrado por supuestamente diseñar) un plan de mejora de la televisión pública. Conseguir que sea una televisión buena, bonita y barata, no lo han conseguido, es decir que han fracasado en su trabajo a pesar de su sabiduría, es decir no han hecho su trabajo, pero cobrar bien cobrado sí que han cobrado, que no son tontos, sino sabios. Así que ni corto ni perezoso, el gobierno ha decidido celebrar su fracaso condecorándolos. ¿Para qué fueron inventados los comités de sabios, aparte de para no solucionar nada?: para pagarles y darles medallas, que no hay afán más noble que el de cuidar la sabiduría. Dice al respecto el señor Esparza: <<El gobierno ha decidido condecorar a sus sabios. Si atendemos a los resultados prácticos de su trabajo, la iniciativa gubernamental no es indignante; es, sencillamente, hilarante>>. Y es que trabajaron los sabios durante largos meses. ¿Y? Lo dice don José Javier: <<Al final, como en el parto de los montes, de allí salió un ratón.[..] Pero, eso sí: las medallas, que no falten>>.

Francisco Sosa Wagner escribe en el periódico El Mundo del 23 de junio de 2010 lo siguiente sobre la definición que da el Diccionario de la Real Academia Española de la palabra <<gobernanza>> como <<el arte o manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía>>: “Se advertirá fácilmente que todo esto no es sino lo que han pretendido los gobiernos de todas las épocas, por lo que el esfuerzo que los señores académicos han realizado para describir la gobernanza tiene el aire de ser, en cierta manera, el parto de los montes”. Y añade: “Si nos vamos a los trabajos científicos publicados, nos encontramos con que la gobernanza se define como <<la conversión de la pluralidad de los intereses sociales en una acción unitaria alcanzando las expectativas de los actores sociales>> (A. Cerrillo)”. 

Manuel Lloris, en el periódico Las Provincias del 4 de agosto de 1994, y tras decir que la difusión del teléfono en España es un fenómeno relativamente reciente, narra un episodio de su niñez. El hecho (el magno acontecimiento, según se verá) tuvo lugar en la población de Alcoy, pueblo natal del columnista. Se supone que en la década de los cuarenta, años en que éste era niño-adolescente. Y tuvo como protagonista a la compañía de teléfonos Telefónica. Cuenta el señor Lloris: <<Siendo yo un chiquillo, la familia recibió un aviso de conferencia de la Telefónica. El magno acontecimiento tendría lugar horas después. Mis padres echaron mano de toda la prole, nos presentamos en el edificio con una hora de antelación, tuvimos que esperar varias horas más y por fin se produjo el parto de los montes. No me acuerdo de quién nos llamaba, pero sí de la excitación general de nuestra pequeña tribu. Fue un hito en la historia familiar.[..] Fue mi padre quien con mano temblorosa cogió reverencialmente el auricular>>.

R. M. dice en el periódico Las Provincias del 5 de julio de 1995 que algunos de quienes sueñan en España con rodar su primera película dedican a la consecución de ese objetivo muchos años y ahorros. <<Y cuando por fin se produce el parto de los montes… lo que sale es una caquita demencial>>.

Darío Villanueva comenta en el suplemento El Cultural del periódico El Mundo del 17 de enero de 2014 el hecho de que ya aparece en la versión de internet (la versión <<en línea>>) del Diccionario de la Real Academia Española, como nueva acepción, que tableta es un <<dispositivo electrónico portátil con pantalla táctil y múltiples prestaciones>>, una definición de la que dice: <<Se pensará que tamaña aportación se asemeja al parto de los montes>>.

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