UN PESIMISTA ES UN OPTIMISTA BIEN INFORMADO

UN PESIMISTA ES UN OPTIMISTA BIEN INFORMADO es afirmación que, en diversas variantes, suele hacerse como argumento en defensa de la opinión de que lo lógico y normal no es ser optimista, sino pesimista, ya que, aunque el pesimismo suela ser una cosa mal vista en una sociedad como la occidental, lo cierto es que la mirada lúcida a la realidad no puede sino encontrar muchas más razones para el pesimismo que para el optimismo.

Cielo lleno de nubes sobre el pueblo de La Roda, con zonas claras y zonas oscuras, en una imagen usada para ilustrar la expresión sobre el optimista que se vuelve pesimista al informarse bien.
Por la derecha se ve el cielo muy bonito, qué alegría y qué optimismo le entra a uno al ver ese azul como de mar Caribe, le dan ganas de ver la vida con optimismo y todo. Pero cuidado: hay que informarse bien: por la izquierda asoma un cielo que ya no es tan bonito, qué oscuro es y qué miedo da; así que se siente mucho, pero no queda más remedio que ser pesimista, porque pronto estará todo, no sólo el cielo sino todo, completamente negro.

Ejemplos de uso:

  1. Suele decirse que un pesimista no es más que un optimista bien informado, pero en el caso de [el presidente del gobierno español Rodríguez] Zapatero, al que no le falta información, el optimismo [del que sin desmayo hace gala] podría constituir una recalcitrante patología si no se tratase de un arma política. El presidente se muestra optimista por conveniencia, al margen de que también pueda serlo por convicción: cree que la sociología electoral es refractaria a las malas perspectivas, y hay que convenir en que hasta ahora esa estrategia ha rendido notables beneficios a sus intereses.  Ignacio Camacho. ABC,6-7-2008.
  2. En su artículo publicado, con fecha 18 de agosto de 2017 y el título de <<Malvados o cretinos>>, en su blog en Libertad Digital, el sociólogo Amando de Miguel dice que nuestra sociedad actual, la española y otras similares, está caracterizada por el tipo humano denominado cretino, cuyas dos características principales son la escasa inteligencia y el mucho engreimiento. ¿Es una opinión optimista? Ciertamente no. Como tampoco lo es mucho que digamos la de que estamos, según él, en una sociedad caracterizada <<por el predominio de la mediocridad, la simpleza y la patochada>>. El mismo articulista se encarga, al final de su artículo, de apuntar a esta falta de optimismo: <<Supongo que mi descripción de la realidad colectiva peca de un contumaz pesimismo>>. Un pesimismo sin duda basado en la observación reflexiva de la sociedad, es decir, en datos objetivos o información pasados por el tamiz de la reflexión. Y como la información es la que es, tan diáfana como inequívoca una vez sometida a análisis, don Amando parece querer arreglarla echando mano de un burdo ejercicio de posibilismo, porque con la información es que no hay manera de ser optimista, oye, eso está claro: en cuanto te informas un poco, hala, ya ves que empiezas a hundirte en el pesimismo. Y no es plan. Efectivamente, al final de su artículo, en lo que parece un forzado ejercicio de posibilismo para subirse a sí mismo el ánimo o al menos para no caer en la desesperación, dice que como también hay un amplio <<espíritu solidario>>, gracias a él podría salvarse la humanidad. Je, je. Salvarse. Con lo de la solidaridad. No se lo cree ni él. Y es que ese argumento para la salvación de las sociedades cretinas no parece demasiado convincente, porque si son cretinas, lo lógico es que la solidaridad la ejerzan estúpidamente, con lo que lejos de salvarse se asegurarán todavía más su hundimiento en el abismo. De resultas de todo lo cual tenemos que no sólo la información, sino también la reflexión para el análisis de la misma, lo único que hacen es bajarle a uno el ánimo y amargarle la vida con un pesimismo existencial que le haga envidiar a los cretinos: <<mira ese cretino, qué feliz vive el cabrón>>. Por eso precisamente se suele decir que la felicidad sólo está al alcance de los tontos, que sin duda pensarán, y muy posiblemente con razón, que el pesimismo es cosa de tontos. Así que muy bien se podría decir que un pesimista no es sólo un optimista bien informado, sino también, y en más alto grado, un optimista que además de informarse, reflexiona. De lo cual a su vez se colige que un pesimista es, sobre todo, un tonto: por informarse, por reflexionar y por, en consecuencia, no ser tonto.

Ejemplo suplementario de uso:

Las de abajo son sendas fotos hechas por un optimista (la primera) y por un pesimista (la segunda, hecha un minuto después).  Ambos individuos querían fotografiar lo mismo: la realidad. Se dijo el primero al verlo luminoso: eso es la realidad, voy a fotografiarla. Y se dijo el segundo al verlo oscuro: eso es la realidad, voy a fotografiarla. Si se tiene en cuenta el dicho de que un pesimista es un optimista bien informado, ¿cuál de los dos individuos preocupados por captar la realidad tal cual es tiene razón? (No se intente encontrar la respuesta mediante una ecuación de segundo grado, porque ya lo ha intentado un tercero en discordia y no ha podido ser).

EXPRESIONES RELACIONADAS:

EL VASO MEDIO LLENO (o MEDIO VACÍO)