NO ENTENDER NADA

Significado de la frase NO ENTENDER NADA:  Tener suma dificultad para comprender algo que, a simple vista, le parece a uno ilógico y absurdo.

  • Un fenómeno democrático, o más exactamente que se da en las supuestas democracias o en algunas de ellas, es el de que, al decir de muchos, ciertos delincuentes (diferentes de los de cuello blanco se sobreentiende) gozan por lo general, o en demasiadas ocasiones, de impunidad o de cierto grado de ella. A esa impunidad se la suele describir gráficamente en España diciendo que los delincuentes entran por una puerta y salen por otra. En España esta percepción generalizada se da desde la llegada de la supuesta democracia (que algunos no dudan en llamar cacocracia e incluso mierdocracia (entre otras razones por ser cacocracia)) tras la muerte del autócrata Francisco Franco en 1975. Los casos en que, con posterioridad a esa fecha, los delincuentes son tratados con amabilidad difícilmente superable por las autoridades estatales competentes –si no se entra en posibles teorías conspiratorias (por ejemplo que obedezcan a un plan preconcebido de amedrentamiento y debilitamiento social (una sociedad agobiada por los problemas económicos, atemorizada por la inseguridad y la inestabilidad y en definitiva acogotada, temblorosa y desmoralizada es más manejable y ordeñable))– están aparentemente determinados, o favorecidos, entre otras posibles cosas, por el nuevo clima social evidentemente temeroso de una mano dura asociada a lo dictatorial (mano dura como en el régimen de Franco, qué horror) y la moralidad o falta de ella propia de los nuevos tiempos, aún más descristianizados en particular y desreligionizados en general, en aras de un sacrosanto laicismo llevado al extremo de la teofobia y que se identifica con la, paradójicamente, deificada democracia, por lo que si para la diosa democracia lo importante es parecerse lo menos posible a la dictadura, pues menos con los que defraudan a Hacienda –que con esos sí que procede en democracia una fulminante mano de hierro superdictatorial–, mano blandita como un flan. Y un clima social en el que se dan una serie de circunstancias adyacentes que contribuyen a que uno no entienda al final nada, porque a ver quién puede entender que a uno se le impida defenderse si le agreden, ya que si te defiendes el estado, en vez de castigar a tu agresor, te castiga a ti por defenderte. Eso es del todo incomprensible, que es por lo que no es raro escuchar el comentario de <<¿pero qué es esto?>>, el de <<¿nos hemos vuelto locos o qué?>> y otros del mismo tenor. Circunstancias como la del buenismo y la corrección política en general, la idea de corte rousseauniano de que ciertos malhechores no pasan de ser pobres víctimas de la sociedad, la vileza revestida de progresismo, la pereza y/o la cobardía ante lo que se cree que es la posición política sobre el asunto de que se trate, la simple arbitrariedad o la mera estupidez.
  • Se usa generalmente, como expresión de un sentimiento de desolación y frustración, en la forma NO ENTIENDO NADA.

Ejemplos de uso:

  1. Entrar por una puerta y salir por otra es un símil, usado para formar una imagen mental de la referida impunidad, que usa por ejemplo Manuel Lloris en el periódico valenciano Las Provincias del 27-6-1995. Habla ahí del caso de un estadounidense que disparó a unos individuos que le querían robar. La víctima del asalto argumentó después que ya que nadie le defendía, pues no le quedaba más remedio que defenderse él, y que, por otro lado, si hubiera podido detenerlos y llevarlos a una comisaría, eso habría sido para verlos entrar por una puerta y salir por la otra. Porque sucede que a uno le roban esgrimiendo un arma blanca, le maltratan, y luego se entera uno de que su agresor ha sido detenido, y puesto inmediatamente en libertad más de veinte veces. Razón por la que termina diciendo Manuel Lloris: <<Usted no entiende nada, usted acumula bilis y usted cree que la ley protege al violador de la ley>>.
  2. He aquí un sangrante ejemplo no ya de protección al delincuente, sino de castigo, además, a su víctima: en el periódico El Mundo de fecha 12 de abril de 2018 se da una noticia bajo este titular: <<Dos años y medio de cárcel para el anciano que mató a un ladrón que asaltó su casa>>. Los asaltantes iban armados y el hombre, de 82 años y que estaba con su esposa, en vez de ser amable y decirles <<pasen ustedes, por favor; están en su casa>>, defendió no sólo su hacienda, sino su vida y la de su mujer. Craso error. Porque, según el jurado, <<podría haber utilizado otras alternativas igualmente efectivas para salvaguardar su integridad física y la de su esposa “evitando la muerte del fallecido”>>. ¿Resultado?: cárcel para la víctima del asalto a mano armada y obligación de indemnizar a la madre del caco muerto con la friolera de 20.000 euros (la acusación particular pedía 76.000). La noticia está seguida de multitud de comentarios, todos los cuales pueden resumirse en que <<esto es un escandaloso desafuero>> y <<la puta madre que parió a los perpetradores de esta condena es quien habría de haberse visto en la misma situación que el pobre y valiente viejo>>. Uno de esos comentarios, el número 84, y que comienza manifestando la incapacidad para entender a la que se alude al final del anterior texto de Manuel Lloris, dice así: <<Este país es de pacotilla. No entiendo nada ni lo entenderé. Lo siento, ya vivo desde hace tres años en China y no pienso volver a vivir más en España, que aunque adore a mi país, lo está echando a perder entre políticos y juristas>> (una opinión que puede fácilmente llevar a la siguiente: el estado encargado de velar por la nación, lejos de hacer eso, lo que está haciendo es… ¡cargándosela!). El autor del comentario número 68, que se presenta con el apodo de <<Piensamal>> (por lo de <<piensa mal y acertarás>>), sí que parece entender un poco más la cosa: <<Esto es porque al Estado le da pavor que la gente se defienda sola. Cualquier acto de defensa propia produce una inquietud enorme porque lo que se pretende es una sociedad sin capacidad de decidir nada, ni siquiera sobre el riesgo que está dispuesta a correr o no.[..] Este señor y su mujer son víctimas y después de esa sentencia absurda, más>> (no tan absurdo, en realidad, según su opinión manifestada, el que lejos de castigarse al agresor, a quien se castigue sea… ¡a su víctima!, convertida de este modo en víctima por partida doble: si al estado, o entiéndase Hacienda si se prefiere en el caso que se considere que viene a ser lo mismo, no le conviene que la gente tenga valor y decisión, o huevos e iniciativa propia también se podría decir, para defenderse de los cacos, igual tiene buenas razones para ello, pues no en vano si a la democracia española más de uno y más de dos la llaman cleptocracia, no es descabellado pensar que pueda haber quien a la nación que la sufre se atreva a llamarla Cacolandia).

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