MASCULINO GENÉRICO

Significado de la expresión MASCULINO GENÉRICO:  Vocablo de género masculino con valor tanto de género masculino como de género femenino, y que por ende sirve para designar a ambos sexos, el masculino y el femenino. Por ejemplo: Los españoles quieren aprender muchas expresiones españolas = Los españoles y las españolas quieren aprender muchas expresiones españolas. (En la frase anterior <<españoles>> es un masculino genérico, porque designa tanto a los hombres como a las mujeres).

En español el género masculino es el de sentido más general. Podría ser el femenino, pero sucede, por razón de la evolución espontánea de la lengua a lo largo de los siglos, que es el masculino; una discriminación, si se quiere opinar así; pero si fuera al revés, y fuera convertido artificialmente el género femenino en el más general (en el supuesto de que se pudiera lograr tamaño artificio), estaríamos, por la misma regla de tres, ante otra discriminación: una idéntica pero en este caso contra los hombres, además de haber logrado, que ésa es otra, poner el idioma patas arriba con dicha adaptación artificial. Se trataría la lucha contra dicha condición histórica, en definitiva, de algo sin sentido. Sin sentido al menos desde un punto de vista estrictamente lingüístico, además de desde el punto de vista del mero sentido común. Ya no tanto desde el punto de vista de posibles motivos ideológicos, que por dar, dan de sí para cualquier cosa, y si es un disparate o una una barbaridad, y hechos cantan, mejor.

En virtud de ese sentido más general, el género gramatical masculino se refiere en muchos casos tanto al sexo masculino como al femenino. Así, por ejemplo, en la frase <<el tigre es un hermoso animal en vías de extinción>>, se está hablando no sólo de los tigres machos, sino también de las hembras. Cualquiera lo entiende así. Es una cosa que está clara y no necesita mayores explicaciones. Del mismo modo, cuando se habla del hombre se incluye a la mujer sin necesidad de hacerlo explícito, y cualquiera ha entendido desde siempre sin problema que se está hablando del ser humano, de la especie humana, para designar a la cual es innecesario (de hecho se entiende peor) decir, en vez de <<el hombre>> sólo, <<el hombre y la mujer>>, por ejemplo en la frase <<el hombre es el animal que tiene Historia>> (se entendería peor si se dijera: <<el hombre y la mujer es el animal que tiene Historia>>). Los alumnos de un colegio son los alumnos y las alumnas. ¿Cuántos alumnos tiene el colegio? Es decir, ¿cuántos chicos y chicas asisten al colegio? En este caso, <<los alumnos>>, igual que <<el tigre>>, es un masculino genérico, porque vale por ambos géneros, masculino y femenino, y por tanto designa tanto a alumnos como a alumnas o, lo que es lo mismo, incluye a ambos sexos, a los chicos y a las chicas. El sentido común aplicado al habla ha dicho siempre lo siguiente: “si diciendo <<los alumnos>> ya te sirve para hablar de ellos y de ellas, ¿para qué añadir <<las alumnas>>? Es de cajón.

En España se empieza a combatir sistemáticamente el masculino genérico en la década de los 90 y se intensifica la labor de su erradicación, para hacerse ésta ya perfectamente visible, a partir del año 2000. Con el nuevo milenio se hace ubicuo el uso duplicado y ya no hay posibilidad de escapatoria al mismo. En esos años, y por citar un ejemplo, se le podía oír al nacionalista presidente de la región autónoma de Vasconia (a la sazón José Ibarreche) hablar sin parar de <<los vascos y vascas>>, cuando con decir <<los vascos>> habría bastado, porque se entiende que se refiere a <<los vascos y las vascas>>.

Ejemplo de uso:

He aquí un ejemplo de los resultados del tan promovido rechazo al masculino genérico, a favor de la innecesaria duplicación de vocablos que conlleva dicha alteración de la gramática a la mayor gloria de la corrección política:

Dirigiéndose a los telespectadores, habla una presentadora de programa televisivo sobre el festival de Eurovisión que se celebrará el siguiente día 21 y al que precede una fase clasificatoria (una semifinal de emisión inmediatamente posterior al citado programa):

<<Pero tranquilos y tranquilas, porque España ya tiene su puesto asegurado [sin necesidad de quedar clasificado para la final en la semifinal]>> (Ainhoa Arbizu. TVE-2,19-5-2005).

Esta presentadora de la televisión estatal española, Ainhoa Arbizu (cuya región de origen, a juzgar por su nombre, es la misma que la del de <<los vascos y las vascas>>) es una chica muy joven, de la última hornada de hablantes del español (de la generación del mola mazo, tío>>, o a lo mejor, vaya usted a saber, <<mola mazo y maza, tío y tía>>. Sin duda una porción importante de su vida ha estado, por razón de su juventud, sometida a la reciente instauración progresiva de la innecesaria repetición o duplicación de vocablos, dichos en género masculino y femenino, para expresar lo que ya expresa perfecta y diáfanamente el masculino, el llamado masculino genérico, que en este caso sería <<tranquilos>>, y que incluye a ambos sexos y de ahí lo de genérico (<<tranquilos>> es un masculino genérico –recordaremos– porque significa lo mismo que <<tranquilos y tranquilas>>). El masculino genérico tiene la ventaja de que ahorra esfuerzo expresivo (el espíritu de la lengua es, por sentido común, economizador). Decir <<tranquilos>> no excluye a las mujeres, pero actualmente sucede que en unos casos se habrá conseguido que se piense que sí lo hace y que es un detalle gramatical sexista, y en otros casos lo que se habrá conseguido es que se sienta temor a decirlo como uno cree que lo debe decir, que es como se ha dicho sin problema toda la vida y antes de que se procediera a la perversión, por no decir que al envilecimiento, de la lengua. Así, <<tranquilos todos porque como ciudadanos españoles tenemos derecho a ello>> queda convertido, en versión políticamente correcta, en lo siguiente: <<tranquilos y tranquilas todos y todas porque como ciudadanos y ciudadanas españoles y españolas tenemos derecho a ello>> (y menos mal que no se dice, al menos de momento, <<tenemos derecho y derecha a ello y ella>>), que es una redundancia, al menos desde el punto de vista lingüístico (desde un punto de vista feminista no lo será) claramente innecesaria, además de una cosa dificilísima de decir y como para extenuar al más pintado, si es que, el que no sea forofo del invento, a mitad de decirlo no decide tirar su cerebro, por mucho que pueda molar mazo su sustancia gris al hablar así, a la basura.

En su artículo del 17 de abril del 2020 en el periódico Liberta Digital el sociólogo y lingüista Amando de Miguel hace un uso no ya irónico, sino verdaderamente demoledor, de elusión del masculino genérico para referirse a los hombres públicos españoles (los políticos), y dice, para ser políticamente correcto, hombres públicos y mujeres públicas (pequeño y malvado detalle: las mujeres públicas son las putas, que en lenguaje políticamente correcto –no en el de Cervantes ni en el de Quevedo– sería las trabajadoras del sexo). Es imposible que al veterano sociólogo y lingüista Amando de Miguel se le haya colado ese fallo, por lo que sólo cabe pensar que lo ha hecho adrede, cosa que corrobora su burla hecha a continuación de la traducción de <<los españoles>> a lenguaje políticamente correcto: <<el conjunto de los ciudadanos y ciudadanas de este país>>, que es una cosa antológica, ya que ni siquiera se dice España, de lo políticamente correcto que es, sino <<este país>> (también podría haberse dicho el estado español, que queda muy administrativo y no tiene tintes patrióticos). El artículo se titula <<El lenguaje de nuestros hombres públicos>> y puede verse en el siguiente enlace:

https://www.libertaddigital.com/opinion/amando-de-miguel/el-lenguaje-de-nuestros-hombres-publicos-90541/

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