MAMÁ QUIERO SER ARTISTA

MAMÁ QUIERO SER ARTISTA es frase usada para aludir a la decisión por parte de un joven o, quizá especialmente, una joven de que su vocación profesional es la del mundo del espectáculo y a la actitud de dicha persona de estar dispuesta a correr los riesgos y sufrir las adversidades inherentes a tan difícil e inestable oficio. En ella se sintetiza la ilusión que tienen muchos jóvenes que aún viven con sus padres de ser artistas, por lo general del gremio del cine (y, más concretamente, actrices o actores) o, también frecuentemente, del terreno de la canción (sobre todo cantantes) .

  • Tiene un matiz humorístico o más exactamente de retranca, al quedar sugerido al usarla que a quien se dedique a una carrera artística le espera un camino lleno de penalidades y sinsabores.
  • La frase proviene de la comedia musical española así titulada, estrenada en Madrid en 1986 (Teatro Calderón) y una de cuyas piezas musicales (una canción) se titula también así: <<Mamá, quiero ser artista>>. La joven protagonista de la comedia (un papel interpretado por la polifacética artista (actriz y cantante principalmente) Concha Velasco) viaja a Madrid, desde provincias, acompañada de su madre y con un objetivo muy claro: triunfar en el mundo del espectáculo.

Ejemplos de uso:

  1. Hollywood ya no es lo que era. La mayoría de los grandes vive lejos de Los Ángeles –Montana, Utah–, y en esta ciudad sólo permanecen ejecutivos de los estudios y los “mamá, quiero ser artista” [los aspirantes a actrices o a actores] que llenan los locales públicos.  Maruja Torres. El País,23-3-1996.
  2. ¡¡¡Mamá, quiero ser artista!!!/ Quieren ser cantantes, magos, malabaristas, payasos… quieren ser artistas.. Son los aspirantes que, como Mélida Molina, en la imagen, buscan..un lugar entre los elegidos por el Palacio de las Variedades [por la empresa así llamada] para sus espectáculos de la próxima temporada, en el remozado Teatro Príncipe.  A. Guzmán. ABC,18-7-1996.
  3. mamá, yo de mayor no quiero ser artista, al menos no de esos.  Ramón Palomar. Las Provincias, 10-12-1996.

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