LA RESURRECCIÓN DE LA CARNE

Significado de la expresión LA RESURRECCIÓN DE LA CARNE (o DE LOS MUERTOS):  La resurrección de todos los muertos, para ser juzgados por Dios y decidir el Todopoderoso el destino final y eterno de cada uno de los seres humanos.

Se alude a esta creencia bíblica en el evangelio de San Juan: <<Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá. Y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre>> (Jn 11, 25-26). No morir para siempre significa aquí que tras la muerte en el bíblicamente llamado primer mundo (o primera tierra) se podrá continuar vivo, eternamente, en un segundo y definitivo mundo (o segunda tierra). Es decir, lo que se suele llamar el cielo es en realidad la tierra (la conocida antes de morir pero hecha nueva y mejor). Por otro lado, según lo que se desprende del Apocalipsis de San Juan, los seres humanos, al morir, podrán seguir siendo seres vivos corpóreos, como lo son en su vida terrenal primera (la del sufrimiento). En resumen: al morir una persona puede seguir viva en su mismo cuerpo (pero mejorado) y en su mismo mundo (pero mejorado). También en el Apocalipsis, y concretamente en su tercera y última parte (los “Últimos acontecimientos”) se dice quiénes seguirán con vida y quiénes, tras resucitar, irán (serán enviados) a la segunda muerte.

Cómo será el segundo y definitivo mundo está ahí descrito a grandes rasgos, y es mayormente un misterio. Será, por lo pronto, un mundo material e incorruptible (es decir, no sometido a procesos de degradación), y por lo tanto eterno. Y no existirán en él ni el mal ni el dolor. Además será un mundo glorioso: lleno de hermosura y esplendor (ahí cabe suponer que la gente fea resplandecerá de tal modo – “Los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre” (Mt  13, 43)– que quede inutilizada la impresión de fealdad, en el extravagante supuesto de que en ese contexto de felicidad perfecta tenga sentido la preocupación por los rasgos físicos que se tienen).

Hay hipótesis que intentan arrojar algo más de luz sobre el misterio de lo que seguirá a la resurrección de los muertos. Así, existe la tesis de que no existirán ni el espacio ni el tiempo, y por lo tanto se estará libre de sus limitaciones. La materia, por otro lado, forzosamente habrá de ser diferente: las mismas cosas pero hechas diferentes (cosa que sí que se dice explícitamente en la sagrada lectura antes citada: “He aquí que hago nuevas todas las cosas”), de tal suerte que no puedan dañar. Y consideraciones de este tenor.

En estos puntos se puede, naturalmente, ahondar con elucubraciones más o menos plausibles. Por ejemplo las que siguen. La diferencia fundamental entre la primera y la segunda corporeidad podría radicar en que se invierte el orden de supeditación entre alma y cuerpo (entendiendo por alma realidad del ser unida al cuerpo pero que no forma parte del cuerpo: dos realidades simbióticamente unidas pero diferentes). En la primera vida el alma no tiene mando total sobre el funcionamiento del cuerpo y sus posibilidades, está de hecho mayormente supeditada al cuerpo; es, por decirlo así, esclava de un cuerpo sometido irremediablemente tanto a las agresiones de la materia como a los procesos de deterioro propios de su mundo espacio-temporal. En la segunda vida es al revés: la materia del propio cuerpo el espíritu la domina completamente: hace con él lo que quiere; el espíritu manda y el cuerpo obedece. Pues sucede que la materia permanece en apariencia pero no en esencia, o esencialmente cambiada por completo, y, además de funcionar de forma diferente (no degenera ni se estropea, unos cuerpos pueden atravesar otros limpiamente, etcétera), deja por ello de poder doler, agredir o causar daño. Deja, en consecuencia, de mandar. Ahora se han invertido las tornas y lo que le toca es obedecer. Y a la del propio cuerpo la primera.

Este obedecimiento podría estar muy favorecido por otra posibilidad a tener en cuenta y que, como antes se ha dicho, es tesis defendida: el espacio y el tiempo desaparecen, o más exactamente pasan a ser realidades ajenas, algo respecto a lo que se está al margen, se está fuera de ello, eso era cosa de la primera vida, agua pasada. Y al estar fuera de él se está también fuera de sus limitaciones (eso podría significar por ejemplo que un cuerpo puede estar en dos o más sitios al mismo tiempo, pues no tiene limitaciones espaciales, o en dos o más épocas de la humanidad, tanto secuencialmente como simultáneamente, ya que tampoco tiene limitaciones temporales).

En definitiva, el segundo mundo es el mismo mundo anterior, el de los madrugones y los árbitros vendidos al mejor postor, pero sin madrugones ni árbitros de fútbol y materialmente ajustado a una servidumbre perfecta al ser humano, tan corpóreo como lo era antes de morir, en aras de su felicidad.

Preguntarse, dado lo anterior, cómo podrían caber en la tierra todos los seres humanos que en el mundo han sido, para ser juzgados juntos, carece de sentido, por lo mismo que carecería de sentido plantearse la pregunta de cómo es posible que si el juicio de Dios sobre las personas se hace al morir éstas se las juzgue a todas juntas, teniendo en cuenta que mueren en momentos diferentes. La respuesta es obvia: al morir se pasa al no-tiempo y por ende pueden ser juzgados todos “al mismo tiempo”. (La escena, inicial del segundo mundo, es la de los frescos referidos en este texto periodístico: <<Porque el epicentro de todas estas narraciones iconográficas [en frescos en iglesias de la región italiana de Toscana] que han sobrevivido a la destrucción es un Cristo en gloria y majestad que juzga a vivos y difuntos desde su trono, rodeado de jerarquías angélicas. A sus pies, los pintores de aquellos frescos pintaban la resurrección de la carne –hombres y mujeres que salen atolondradamente de sus tumbas, convocados por el tañido de una trompeta, como quien despierta de un letargo–; a su derecha, pintaban los gozos de la Jerusalén celeste; a su izquierda, el llanto y crujir de dientes de la condenación eterna. >> (Juan Manuel de Prada. ABC,21-8-2010)).

La mayor complicación de este misterio quizá sea, precisamente, un hecho que se deriva del llamado juicio final: si algunos son descartados para la vida eterna, ¿cómo podría entonces ser feliz quien viviera eternamente añorando, a pesar de lo malvado que pudiera haber sido, a uno de los descartados para la vida eterna, por ejemplo la madre de un hijo suyo condenado pero al que no por ello deja de querer y recordar con nostálgico dolor? ¿Quizá aclarara el misterio el que ella poseyera esa capacidad, la de disfrutar la presencia de su hijo, unidireccionalmente, mientras que el hijo sería inexistente a todos los demás efectos?

En este sentido de lo que podrían ser infinitas posibilidades, lo que dice Salvador Dalí en el segundo de los ejemplos que siguen tal vez no pueda ser tildado de disparate o boutade, como probablemente lo parezca al primer golpe de vista. Según la hipótesis del hombre resucitado para una segunda vida eterna y feliz, podría perfectamente éste comer si disfruta con ello, aunque no necesite su cuerpo ser alimentado. Y con opción, por qué no, a hacer lo mayor después, aunque lo necesite aún menos si cabe.

Ejemplos de uso de la frase:

LA RESURRECCION DE LA CARNE:

  1. Occidente se ríe con frecuencia de la tesis de la reencarnación (que mantienen los asiáticos), olvidando que también nosotros, dentro del Cristianismo, creemos en la Resurrección de la Carne, que evidentemente no es lo mismo, pero que nos promete igualmente que nuestra vida volverá a ser vida.  José María Gironella. Gritos de la tierra (libro de 1970).
  2. En mi libro-encuesta 100 españoles y Dios, [el pintor Salvador] Dalí afirma que cree en la existencia del alma.. <<..También creo en la resurrección de la carne, individual, con nutrición y defecación.>>  José María Gironella. Gritos de la tierra (libro 1970).
  3. Tú..reza siempre..para que los pecadores todos sueñen hasta morir la resurrección de la carne y la vida perdurable.  Miguel de Unamuno. San Manuel Bueno, mártir (novela de 1933).
  4. [Comienzo del artículo en clave humorística titulado “Guerra al decibelio”:]  Desesperado del ruido sepulcral –sepulcral por los sepulcros abiertos el día de la resurrección de la carne–, que será, dicen, un día estruendoso; desesperado, insisto, de soportar el despiadado estrépito con que los españoles animan sus convites; desesperado, insisto de nuevo, del elevado número de restaurantes con música ambiental y radios a todo volumen en la cocina, he decidido proponer al ministro que se ocupa de las patologías acústicas de España que reflexione y declare epidemia contra la salud pública el ruido que impera en España, que no todo son epidemias de sida y demás E.T.S. [= Enfermedades de Transmisión Sexual].  Chumy Chúmez. Blanco y Negro,6-2-1995.
  5. El <<no>> de los franceses [en el referéndum de anteayer] al Tratado Constitucional Europeo nos ha dejado ver que los políticos..supervivientes natos que dominan el <<politiqués>>, ese lenguaje esotérico y posibilista, enredado y ambiguo, creen que no ha pasado nada, que todo se puede arreglar con un poco de pedagogía.., y los que no se han molestado en recapacitar..buscan culpables fuera de su entorno y se niegan a reconocer las propias limitaciones. A unos les resulta fácil hacer populismo, adular al pueblo soberano, expresar su confianza en que las cosas se arreglarán por sí mismas. A otros les encanta ser trompeteros del Apocalipsis, enterrar a los muertos, postularse como abanderados el día de la resurrección de la carne. Aquéllos dicen que a los electores les ha movido el miedo a los países del Este recién incorporados a la UE [= Unión Europea], a la reducción de salarios, el paro, la deslocalización, la inmigración.. Los más echan la culpa al descontento del pueblo con sus gobernantes   Luis Ignacio Parada. ABC,31-5-2005.
  6. Dicen también los sociólogos que ahora la gente se casa menos y que mola en las costumbres el ligue, la pareja de hecho, el tracatrá esporádico, el apaño y esa pregunta tan al día: ¿en mi casa o en la tuya?/ Sin embargo, y a pesar de esa sequía de matrimonios, yo recibo todos los meses varias invitaciones de boda.. Meditando sobre esa contradicción o esa paradoja, he llegado a la conclusión de que la gente se casa ahora tres o cuatro veces. Joder, con la indisolubilidad [del matrimonio]. Mi suegra anda muy preocupada con ese ajetreo de casarse y descasarse que se traen ahora las parejas, porque me pregunta que, cuando se produzca la resurrección de la carne, con cuál marido va a juntarse cada chorba, y con qué esposa va a acomodarse cada maromo. Yo no sé qué decirle, y ya le he aconsejado que se lo pregunte a un cura, que esos tienen salida para todo.  Jaime Campmany. ABC,6-7-2001.
  7. En su discurso del Areópago, San Pablo trata de predicar su fe con palabras que resulten inteligibles a los hombres de su tiempo, formados en la filosofía griega; pero, llegado el momento,..no elude hablar de la resurrección de la carne, que entre su auditorio causa rechazo y escándalo. Sospecho que por miedo a ese rechazo y escándalo, por temor a no ser aceptada en un mundo <<racionalista>>, la Iglesia titubeó en su predicación de la Parusía de Cristo*, que es un dogma tan constitutivo de la fe cristiana como el de su Encarnación.  Juan Manuel de Prada. ABC,21-8-2010.     [* La reaparición de Cristo ante los humanos al final de los tiempos, esto es, la llegada de Dios al primer mundo para dar por terminado su tiempo y dar paso al segundo mundo].

LA RESURRECCION DE LOS MUERTOS:

  1. [Palabras dichas en un mensaje evangélico:]  Ellos viven sin esperar la resurrección de los muertos.  Radio COPE,7-11-2004 [7:33].
  2. [Palabras dichas por una calavera en una viñeta de humor negro:]  ¡Vaya! ¡La resurrección de los muertos y yo con estos pelos!  Chumy Chúmez. Blanco y Negro, 9-7-1995.
  3. [En una viñeta se ven varias hileras de losas sepulcrales con un crucifijo. El sol radiante y un ángel que irradia brillo en lo alto. Voz que sale del interior de uno de los sepulcros:]  ¡Vaya! ¡La resurrección de los muertos! ¡Qué lata! ¡Ahora que estábamos acostumbrándonos…!  Chumy Chúmez. Blanco y Negro,9-6-1996.
  4. En el ámbito cristiano, pensadores de gran fuste intelectual, como X. [= Xavier] Zubiri o P. [= Pedro] Laín Entralgo, han seguido coqueteando con el crudo mito de la resurrección de los muertos en su incoherente versión paulina, como alternativa in extremis a la abandonada fe –por ser científicamente insostenible– en la existencia del alma inmaterial, separable e inmortal*.  Gonzalo Puente Ojea. Ateísmo y religiosidad (libro de 1997).     [* Las palabras de la Biblia sobre la resurrección de los muertos (que no son un mito –otra cosa es que lo que se quiera decir solapadamente con ello sea engañabobos–, sino una profecía en la que se puede creer o no) lo que hacen no es ofrecer una solución a una futura incapacidad humana para demostrar científicamente que el alma existe, y mucho menos como parte separable del cuerpo (ya que por definición es parte constitutiva e inseparable del mismo), sino ofrecer una opción de fe que, como toda fe (incluida la fe en que para que algo exista ha de ser científicamente demostrable) naturalmente que no puede sino ser científicamente insostenible, como científicamente insostenible sería sin ir más lejos, por ser indemostrable científicamente que haya (es decir, que exista) tal intención, pensar que en este texto el uso del verbo “coquetear” tiene una evidente intención despectiva o ninguneadora, a mayor abundamiento fundamentada, o así cabe suponerlo al defender quien lo usa el ateísmo, en una creencia, la de que Dios no existe, que tiene la misma falta de soporte científico que la creencia contraria, pues tampoco está demostrada científicamente, ni jamás se podrá demostrar, la inexistencia de Dios].
  5. El cantante y cantaor de la localidad sevillana de Utrera Manuel Vargas Jiménez, cuyo nombre artístico es Bambino (y cuyos fans se denominan bambineros), tiene una canción de 1965 titulada “Suplicando a la cruz”. Bambino es en ella cantaor de unas bulerías algo peculiares por su trascendente temática: el desconsuelo por un ser querido a punto de fallecer y las palabras esperanzadoras de este último, que le dice al apenado por la inminente pérdida que volverá a estar junto a él (la resurrección de los muertos). Sin embargo, una vez muerta la persona amada, el que la ha visto partir hacia el más allá (que en realidad, y como ha quedado dicho, es según la Biblia el más acá) no puede evitar recordar con tristeza una ausencia a cuyo remedio o alivio acude, por aquello de que quien canta sus males espanta, un desgarrado tema flamenco, con la potencia rítmica del palo de las bulerías y parte de cuya letra es esta: <<Se marchaba muy lejos, ay, el amor de mi vida. Y me quedé sin sus besos. Me quedé sin sus besos, cual paloma perdida./ “Volveré”, me decía llorando. Yo juré sus consejos seguir./ Y a una cruz solitaria en el campo le pedimos, cantando, que nos guíe hasta el fin>>.
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