LA NATURALEZA IMITA AL ARTE

LA NATURALEZA IMITA AL ARTE es famosa frase del escritor británico Oscar Wilde, quien, tras escribirla en un artículo periodístico de 1889, la explicó en su ensayo de 1891 “La decadencia de la mentira” (The decay of lying). Según Wilde, la naturaleza es percibida por el ser humano con una mirada influida por el arte (sobreentendiéndose que el arte es una clase de belleza superior a la naturaleza), es decir, con una mirada en cierto modo artística, por lo cual la naturaleza es en última instancia –según esta idea– un hecho cultural: no es lo que vemos, sino cómo lo vemos (culturalmente). En ese sentido, la naturaleza será tanto más bella cuanto más se parezca a las obras artísticas en las que está representada, principalmente las pinturas de paisajes (he aquí una jocosa alusión a esta superioridad del arte respecto a la naturaleza: “Cuando [al catedrático de español Russel P. Sebold (de 70 años de edad)] los amigos le preguntan qué toma para la artritis, contesta: <<Las pastillas de Voltaire. Los antiguos afirmaban que el arte mejora a la naturaleza>>” (ABC,25-1-2001)). De una forma menos exagerada y más realista, puede decirse que muchas veces las imágenes de la realidad quedan mejoradas por el tratamiento artístico de ellas, y así por ejemplo una imagen real anodina puede quedar bien en una foto hecha con pretensiones de belleza, por lo que se trataría de una foto engañosa, cierto, pero en ella la realidad queda estéticamente mejorada, y cabría hasta cierto punto decir que en ese caso la naturaleza, para ser bella, ha de imitar al arte, que de forma abreviada queda en que la naturaleza imita al arte.

Significado de la frase: De forma sucinta, lo que por esta frase hay que entender es lo siguiente: el arte es en muchas ocasiones más bello que la propia naturaleza por él representada, y en un sentido amplio el arte es una realidad más bella que la propia realidad natural, por lo que, exagerando un poco, podríamos decir que la naturaleza, para ser bella, imita al arte (lo que hace es imitar al arte).

  • Por extensión, también se dice que la vida (o la realidad) imita al arte, ya que mediante la creación artística surgen modas a las que luego se adapta la vida. He aquí un ejemplo: <<Esto es lo malo de la realidad: acaba imitando al arte hasta en los nuevos medios audiovisuales regalados..por el Gobierno>> (Antonio Burgos. ABC,9-11-2005).
  • Uno de los fenómenos más siniestros y terroríficos de nuestro tiempo es el del tan planificado como sistemático y decidido intento de asesinato del arte, por la simple y llana misma razón que la del ya antiguo asesinato de Dios por parte del llamado hombre occidental (el nietzschiano <<Dios ha muerto>>): ambos, arte y Dios, son una y misma cosa con la belleza. Así, el asesinato del arte bello viene a ser una y misma cosa con el asesinato de Dios. En ese sentido puede afirmarse que el feísmo imperante no ya en el arte actual sino, nada casualmente, en el mundo occidental actual, es una forma de apartar al hombre de la idea de Dios (si no por querencia natural hacia ello, sí al menos, como se sostiene en las tesis heterodoxas al uso, con el fin de animalizarlo, es decir de debilitarlo espiritualmente y así, bien embrutecido y aborregado, convertido en una mera masa de carne envilecida, poder manipularlo más fácilmente, en un contexto de ingeniería social al más alto nivel). La idea central del feísmo o tendencia artística –o, más exactamente, supuestamente artística– es la de huir de la belleza, y una de las muy evidentes formas en que lo hace es huyendo de la naturaleza paisajística sublime, ya que, al ser la naturaleza (para los creyentes en Dios) obra de Dios, no puede aquella dejar de ser, en términos generales, harmónica y bella. Es precisamente por esa razón por la que hay también la frase contraria, pero que no excluye, en términos conceptuales, a la que constituye el objeto de esta entrada: <<el arte imita a la naturaleza>>. Esta última frase está usada en el minuto 13:20 de un vídeo puesto en el canal de Youtube Agnus Dei Prod, el titulado <<Ingeniería social programada II: arte aberrante>>, cuya síntesis es que el mal intenta difundir la fealdad porque es aquello con lo que se identifica (como en el minuto 8:50 del vídeo se dice, tras lo feo está el mal, es decir, lo feo está inspirado por el mal, en el sentido de que una deliberada inclinación hacia la fealdad, y la preferencia por ella, equivale a una inclinación hacia el mal, la cual que no puede ser tenida por el bien). Por eso en un mundo gobernado por el mal (que viene a ser lo mismo que decir un mundo en el que el mal campa a sus anchas, con la diferencia de que lo segundo podría ser casual pero lo primero no lo es) no tiene cabida un odioso arte que imite a la naturaleza, en tanto en cuanto ese arte estará inspirándose, con ánimo de imitarle, en el a muerte odiado Dios.
  • El verbo de la frase es conjugable: LA NATURALEZA + IMITAR + AL ARTE.

Ejemplos de uso de la frase:

  1. [En entrevista de Jesús Amilibia a Cristina Duclós (pintora con exposición actual en la que hay muchos cuadros de flores):]  -[Jesús Amilibia] <<El arte es el incesante esfuerzo por competir con la belleza de las flores… y nunca se tiene éxito>>, dice Chagall. -[Cristina Duclós] Cierto. Soy una burda imitadora de la naturaleza. -[Jesús Amilibia] Pero, ¿no habíamos quedado en que la naturaleza imita al arte? -[Cristina Duclós] Eso dice Wilde, pero no sé… Yo intento acercarme a la naturaleza, a la belleza.  La Razón,1-7-2002.
  2. el hondo, sobado e incontrovertible aforismo de que la naturaleza imita al arte   Fernando Sánchez Dragó. Libertad, fraternidad, desigualdad (libro de 2007).
  3. Con apenas treinta y seis años tiene ya [el escritor Juan] Bonilla una producción cuantiosa, que ha desbordado los marcos de recepción estrictamente literarios con la exitosa versión cinematográfica de Nadie conoce a nadie y la sorprendente demostración efectiva de que la naturaleza imita al arte, como vinieron a acreditar los graves y nunca aclarados acontecimientos que se produjeron en la Semana Santa de Sevilla del año 2000 (explosión simultánea de petardos en diversos lugares de la ciudad durante la madrugada del Viernes Santo y consiguiente pánico colectivo, que afectó a miles de personas). Eran sucesos paralelos al juego de rol que planteaba la novela y lo fueron en su mismo escenario urbano y festivo, aunque con consecuencias menos dramáticas.  Miguel García-Posada. ABC,22-3-2003 [Blanco y Negro Cultural].
  4. [Resumen del texto precedente: En la pasarela de Milán, las modelos han desfilado casi desnudas]. Vuelve la naturaleza a imitar al arte.  Pedro Narváez. La Razón,24-9-2002.

El arte consiste en superar bien la belleza de la naturaleza o bien la emoción que puede provocar la contemplación de la belleza de la naturaleza (o ambas cosas, evidentemente). Consiste en ir, por cualesquiera procedimientos, más allá de lo que la naturaleza puede ofrecer, para situarse por encima de ella, en búsqueda de lo sublime . De tal suerte que precisamente ahí radique la diferencia entre lo que es arte y lo que no lo es: no lo es lo que no da lo que la naturaleza no puede dar.

He aquí un ejemplo de ello. Si uno contempla la imagen de la primera foto de las tres que siguen verá la naturaleza tal cual es. En este caso una panorámica fea. No es que no sea bella; es que es fea. Veamos si el arte puede hacer algo al respecto, a ver si puede mejorar la naturaleza y que a ésta no le quede más remedio que imitarle. Vamos a ir al grupo de matas secas que hay a la izquierda, al borde del camino. Y después, tras un pequeño intervalo, al siguiente grupo de matas, éstas con algo de verde. Y en ambos grupos de matas vamos a hacer sendas fotos en las que, en la medida de lo posible, se elimine la fealdad que la naturaleza por sí sola no elimina. Podría ser que hasta del feo edificio del fondo (la torre) se pudiera sacar partido estético. El sol está a la derecha y bastante bajo, y eso impide ver lo que se fotografía, porque de frente a él para disparar la cámara, todo, máquina y fotógrafo, queda ciego. No obstante, a pesar de ser hechas ambas fotos a ciegas y “a lo que salga”, el resultado (artificial, no se olvide) supera, como cabía esperar, la imagen panorámica inicial en cuanto a belleza (puede hacerse clic sobre las tres fotografías para verlas más grandes):

Repitamos la jugada en un entorno urbano:

El arte (fotos segunda y tercera) superó tanto a la naturaleza como a la realidad de la primera foto. Porque tanto en la segunda como en la tercera hay más belleza que en la primera, que es la de la imagen más fiel a la realidad. Un poco de manipulación para modificar para mejor la realidad tal cual es –que en eso viene a consistir el arte– y ya tenemos a la naturaleza imitando al arte, es decir, en una situación de inferioridad que le obliga a imitar a su superior.

A estos razonamientos se puede objetar que claro, sin parar de hacer trampa para llevar el agua a mi molino, así cualquiera consigue que cuadre todo, que cuadren todos los razonamientos. Pero esa objeción carecería por completo de sentido, pues sucede que es que precisamente en eso es en lo que consiste el arte, en hacer trampa, concretamente en hacérsela a la realidad. ¿O es que el cantante si no hiciera la trampa de cantar podría lograr la artificial belleza en que consiste una bella canción? Pues eso.

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