ENCONTRARLE TRES PIES AL GATO

Significado de la expresión ENCONTRARLE TRES PIES AL GATO (o ENCONTRARLE CINCO PIES AL GATO):  Aprovecharse de una situación que facilita la obtención de un provecho criticable.

  • Tanto <<tres>> como <<cinco>> pueden ir precedidos de <<los>>, como en este par de ejemplos:

Ejemplos de uso:

  1. [Con referencia a la alcaldesa de Gandía (Josefa Grau):]  doña Josefa también se ve en apuros para pagar la nómina de los funcionarios del Ayuntamiento, pero ¿para qué están las fuentes del crédito si no para eso? Si es lo que dice uno, si es que nada más fácil y cómodo que encontrarle los tres pies al gato, puesto que tiene cuatro.[..] Doña Josefa acumula más de cuatrocientos millones de deuda en cinco meses. ¿Y qué? ¿Acaso no arrastra su Ayuntamiento una deuda de cuatro mil? Pues muertos por cuatro mil, muertos por cuatro mil cuatrocientos.[..] Avanti.., gran Josefina. Que se quejen los partidos [de la oposición], que se queje el comercio y quien se tercie. Usted siga endeudándose y siga mandando como un señor feudal.  Manuel Lloris. Las Provincias,9-12-1995.
  2. Pero, ¿y si [contra la que es mi opinión] la fórmula federal funcionara [en España]? Pues tampoco esto conviene a los intereses de [el presidente nacionalista de [la región autónoma de Cataluña Jordi] Pujol. Cataluña es ya casi federal –y en ciertos aspectos más que eso– y aún no han terminado los traspasos [de competencias legislativas del gobierno central hacia el gobierno autónomo catalán]. Suponiendo sin embargo que el federalismo otorgue más soberanía que la autonomía, tiene el grave inconveniente de ser una fórmula fija en sus principios básicos. Habría que reformar la Constitución y hacerlo de modo que las prerrogativas del Estado, aunque más bien escasas, no dejarían resquicio al independentismo. Eso le daría carpetazo al sueño de Pujol. Cataluña nunca tendría embajadores ni embajadas./ Pujol prefiere encontrarle los tres pies al gato a la Constitución y a la autonomía tal como están, pues tienen los tres pies. La administración periférica (Fraga [el presidente de Galicia]) y “en Cataluña el Estado somos nosotros” (Pujol, otras palabras para lo mismo), ofrecen un juego interminable. Pujol ya “gestiona” hasta ciertos tramos de las autopistas estatales a su paso por su feudo. Hoy arranco esta concesión, mañana la otra, hasta que todo sea virtualmente mío. De lo virtual, de la posesión de hecho a la posesión de derecho, no hay más que un paso que probablemente ni siquiera habrá que dar, pues el tinglado caerá como fruta madura. Con un mínimo riesgo de conmoción fuera de Cataluña, un riesgo asumible   Manuel Lloris. Las Provincias,15-5-1995.

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