ALGUNA QUE OTRA VEZ

Significado de la expresión ALGUNA QUE OTRA VEZ (o, menos frecuentemente, ALGUNA VEZ QUE OTRA):  Ocasionalmente (en ocasiones aisladas); con cierta frecuencia, pero no mucha.

Ejemplos de uso:

ALGUNA QUE OTRA VEZ:

  1. La llamo por teléfono alguna que otra vez; para preguntarle cómo está y para que no se piense que no me acuerdo de ella.
  2. He estado alguna que otra vez en [el departamento de la Generalidad* de]..Bienestar Social. La directora..me ha desmontado convincentemente..varias de las acusaciones que se le han hecho.  Manuel Lloris. Las Provincias,8-6-1996.     [* El gobierno de la región autónoma de Valencia].
  3. [Comienzo de artículo titulado <<Despacito y buena letra>>:]  La vieja frase me parece..desfasada. Se emplea, sí, alguna que otra vez, como tantas otras frases hechas que se repiten sin que tengamos ni la más remota idea de cuáles pudieron ser sus orígenes. Por supuesto, a la mayoría, claro está, se la trae floja el ignorar el motivo por el cual una frase llegó a tener popularidad. La dice, venga o no a cuento, y en paz.  Meliá Castelló. Levante,13-8-1978.
  4. [Comienzo de sección de un periódico titulada  <<El invento del Maligno>>:]  Hablemos de publicidad [en televisión]. Un conocido refresco de cola (no ese que está usted pensando, sino el otro) mantiene un anuncio en pantalla cuyo contenido ha inspirado vehementes protestas radiofónicas (hará un par de días, en Radio Nacional) e innumerables y soliviantados corrillos en las calles de la ciudad. El anuncio es así: una mozuela y sus amigos, todos ellos jóvenes y atléticos, tocan música en su casa, con la consiguiente irritación de los vecinos, todos ellos viejos y gruesos, que se quejan del ruido; ante las protestas, la mozuela coge a un vecino por la oreja, le somete a confrontación con los ruidos urbanos (obras, tráfico, etc.) y le explica que eso es ruido, y no lo suyo, tras lo cual la alegre juventud vuelve a disparar el decibelio; el anuncio concluye incitando al personal a imitar a la mozuela: Sigue tocando. Lo importante es que te guste a ti./ Aquí [en esta sección del periódico] hemos hablado alguna que otra vez de esa miserable astucia de la seducción publicitaria que consiste en estimular el consumismo de los jóvenes haciéndoles creer que su adocenamiento es rebeldía. Parte de esa estrategia de seducción consiste en inflar el ego del adolescente, ya de por sí proclive a la hinchazón (cuestión de hormonas).  Javier Esparza. La Verdad,9-5-1999.
  5. Sí [he prometido yo ser alegre], cuando fui <<aspirante>> a la Juventud de Acción Católica [prometí ser alegre]. En la nave de la iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro nuestro consiliario, el padre Ibarrola, nos preguntaba, entre otras varias cosas que he olvidado porque no me llamaron tanto la atención: <<¿Prometéis ser alegres?>> Y todos respondíamos a coro: <<¡Sí, prometo ser alegre!>> La verdad es que luego unos cuantos, andábamos ya por los trece años, nos reuníamos a comentar lo insólito de aquella promesa. Sacábamos a colación la diferencia, tan española, entre estar y ser. Una cosa sería prometer <<estar>> alegre alguna que otra vez –sin ir más lejos, en las Pascuas–, pero <<ser>> alegre había que tener mucha cara para prometerlo. Algunos lo prometimos porque aquel rito era obligatorio para seguir perteneciendo al Centro Mariano Alfonsiano y poder reunirnos a la caída de la tarde con los amigos y jugar al parchís, al pimpón, al billar, al ajedrez… Pero sospechábamos que nos iba a resultar imposible cumplir la promesa. Como, por lo menos en mi caso, así ha sido.  Fernando Fernán-Gómez. ABC,28-12-1998.
  6. [En 1941 apareció la primera edición del manual para uso de estudiantes <<Historia de la Filosofía>>, de Julián Marías. Palabras al respecto:]  En la Facultad de Filosofía y Letras, a principios de los cuarenta, la Historia de Marías era una obra casi clandestina, pero indispensable, que muchos leíamos, pero de la que no era prudente hablar: en la Facultad no estaba bien vista. Sólo don Juan Zagüeta mencionaba alguna que otra vez el nombre de Marías en sus clases, pero en líneas generales el silencio en torno a su nombre y al de [José] Ortega [y Gasset] era, por decirlo de algún modo, perfectamente sepulcral.  José Luis Pinillos. ABC,1-2-1991. 
  7. [Se ha dicho que el candidato socialista (del PSOE) en la campaña para las elecciones europeas, Fernando Morán, mostró durante la misma –a diferencia de la mayoría de los candidatos– un talante serio y educado; si bien, ocasionalmente, su discurso fue excesivamente sesudo para el gusto de unas multitudes que no suelen acudir a los mítines celebrados en las plazas de toros con el ánimo precisamente dispuesto para ejercitar el cerebro, sino más bien para experimentar sensaciones. Palabras al respecto:]  Fernando Morán se permitió filosofar acerca de Europa alguna que otra vez. Ante una multitud. Pobre. El “pobre”, sin embargo, salió tan bien librado que acaso tuviera razón [el candidato del Partido Popular (PP) Abel] Matutes al decir que si la derrota del PSOE no fue mayor, a Morán se debió./ Sería acaso, por el contraste. La gente no quiere oír y menos escuchar filosofías en las plazas de toros, pero tampoco una sucesión de insultos sin gracia.  Manuel Lloris. Las Provincias,17-7-1994.
  8. Alguna que otra vez se lo he recordado, que extreme el cuidado al montar en bicicleta, sobre todo en las cuestas abajo, porque una caída puede complicarle a uno bastante la vida, si es que no te la quita. No sólo las caídas de moto son peligrosas; también lo son, y mucho, las de bicicleta. Sobre todo a ciertas edades, como es su caso, que ya casi peina canas.
  9. Los artículos que escribe en la prensa son en mi opinión completamente prescindibles. Ni siquiera se le entiende lo que dice, o yo al menos no los entiendo, de lo raro que escribe. Alguna que otra vez, eso sí, no solamente le he entendido, sino que me ha gustado; pero eso ha ocurrido muy pocas veces en mucho tiempo. Por eso seguía leyéndole, a ver si había suerte y me tropezaba con una de las excepciones. Pero finalmente dejé de leerle, porque me tropezaba con ellas, con las esperadas excepciones, demasiado poco y no merecía la pena.
  10. Como fruta alguna que otra vez, pero casi nunca. No me gusta. Me gustan sólo algunas, como por ejemplo la piña, si me la corta y me la prepara alguien. Y las granadas, si me las pela y me las desgrana alguien. También me puedo comer alguna pera, pero si está muy buena solamente; si no, nada. Bueno, la sandía también me gusta, ahora que recuerdo. Pero es un rollo, con tanta pepita, y sólo me como el corazón, o como se llame la parte central, lo que no lleva pepitas. Pero vamos, que me puedo pasar perfectamente también sin comer estas frutas, y si no me las dan ni me acuerdo de ellas. Lo que sí que no me como, dicho sea de paso, es una zanahoria ni nada por el estilo, eso lo tengo claro; qué cosas más aburridas, no sé cómo hay gente capaz de comer esas cosas habitualmente, las ensaladas y tal, qué mérito. Yo lo que soy es carnívoro. Y además tirando a desenfrenado. Me gustan las chuletas, los solomillos, el chorizo, el jamón, el tocino, los torreznos…Todo lo que es bueno para el colesterol, me gusta. Me chifla, para ser exactos.

ALGUNA VEZ QUE OTRA:

  1. alguna vez que otra asistía a las cenas que a hora avanzada su amigo el marqués de Portago presidía en Rodil   Aquilino Duque. La luz de Estoril (novela de 1989).
  2. Salgo a pasear por el campo alguna vez que otra. Si tuviera más tiempo lo haría más a menudo, pero me tengo que conformar con hacerlo un par de veces al mes, o menos.
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